En interpretación concierto, la Freiburger Barockhorchester, con dirección musical de René Jacobs, presenta en el Teatro Real el estreno de una gran ópera de Vivaldi, tan larga y complicada en su peripecia como bellísima en el despliegue de cada una de sus piezas. Se comercio de una chisme, donde las tensiones amorosas y el combate por el poder sirven de pretexto argumental para proponer y defender una aviso que asegura que existen en este crudo mundo suficientes fuerzas benéficas como para poder creer en la paz e incluso en la concordia. Metas que se consiguen con la reconciliación, el perdón y la energía que existe en el aprecio efectivo y en la bondad que habita en la Naturaleza, escondida en la figura de un campesino, el tal Giustino, con el candor de Francisco de Asís y un talento marcial digno de Juana de Arco.
Bajo su dirección, la cuarto de Vivaldi llega muy perfectamente dibujada escénicamente con apuntes de bisagra actoral, vestuario variado y estudiados contrastes de luz
En interpretación concierto, la Freiburger Barockhorchester, con dirección musical de René Jacobs, presenta en el Teatro Real el estreno de una gran ópera de Vivaldi, tan larga y complicada en su peripecia como bellísima en el despliegue de cada una de sus piezas. Se comercio de una chisme, donde las tensiones amorosas y el combate por el poder sirven de pretexto argumental para proponer y defender una aviso que asegura que existen en este crudo mundo suficientes fuerzas benéficas como para poder creer en la paz e incluso en la concordia. Metas que se consiguen con la reconciliación, el perdón y la energía que existe en el aprecio efectivo y en la bondad que habita en la Naturaleza, escondida en la figura de un campesino, el tal Giustino, con el candor de Francisco de Asís y un talento marcial digno de Juana de Arco.. Una de las óperas más famosas de Vivaldi, Juditha Triumphans viene a la habitante del agradecido espectador, irresoluto de la copioso caballera blanca de René Jacobs, triunfador con su excelente comparsa y sus excelentes intérpretes. Un derrochador empeño de doble en esta música, que él transmite diáfana y transparente en una interpretación magnífica, que califica de concierto. Llega muy perfectamente dibujada escénicamente con apuntes de bisagra actoral, vestuario variado, estudiados contrastes de luz, y un desplazamiento que alcanza un palco e incluso el pasillo central del patio de butacas, Los intérpretes se mueven entre los instrumentistas, se yerguen sobre una tarima al fondo, no les precio tenderse en el suelo, un perfectamente estudiado bisagra visual siempre con René Jacobs como centro, las manos sin bastoncillo que rescatan, resucitan el prodigio de la música de Antonio Vivaldi, un triunfo emocionante en el Teatro Real. Otra excursión inolvidable recibida con merecidísimo entusiasmo
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