La subida del petróleo la paga toda la sociedad, aunque no siempre aparece en la oferta. Ésta es la advertencia lanzada este miércoles por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su última actualización sobre la crisis energética derivada del cierre del Golfo Pérsico, por donde pasa una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo. En línea con lo advertido a mediados de abril, el FMI sostiene que subvencionar los carburantes, como ha hecho el Gobierno español, debe considerarse como el último recurso porque puede acabar encareciendo aún más la energía. Al final, añade el Fondo, esta herramienta fiscal mantiene alta la demanda de combustible a pesar de la escasez y, por tanto, aumenta la oferta e incrementa la presión sobre el conjunto de la economía. Seguir leyendo
El Fondo sostiene que las ayudas mantienen alta la demanda de combustible a pesar de la escasez, lo que aumenta la oferta de energía y presiona a la economía
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La subida del petróleo la paga toda la sociedad, aunque no siempre aparece en la oferta. Ésta es la advertencia lanzada este miércoles por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su última actualización sobre la crisis energética derivada del cierre del Golfo Pérsico, por donde pasa una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo. En línea con lo advertido a mediados de abril, el FMI sostiene que subvencionar los carburantes, como ha hecho el Gobierno español, debe considerarse como el último recurso porque puede acabar encareciendo aún más la energía. Al final, añade el Fondo, esta herramienta fiscal mantiene alta la demanda de combustible a pesar de la escasez y, por tanto, aumenta la oferta e incrementa la presión sobre el conjunto de la economía. «La política fiscal puede desempeñar un papel, pero sus medidas deben ser temporales, específicas, oportunas y adaptadas a cada caso», señala el FMI. Aunque los ejemplos son numerosos, el informe no menciona ninguna nación en concreto. España es uno de ellos: el Ejecutivo ha renunciado a recaudar más de 1. 000 millones de euros entre abril y junio con la rebaja del IVA de los carburantes (del 21% al 10%) y del impuesto especial de hidrocarburos, a una medida aprobada el 22 de marzo para reducir los combustibles. El efecto fue limitado y, al cabo de tres semanas, la rebaja fiscal apenas se notaba ya en el gasóleo. Además, a principios de abril la Comisión Europea advirtió al Gobierno español de que la reducción del IVA vulneraba las normas europeas, que no permiten aplicar tales rebajas fiscales a los carburantes. Bruselas, en cambio, no hizo mella en el recorte de los impuestos especiales. Como sugieren los antecedentes, este episodio sirve de ejemplo de que «las medidas mal diseñadas pueden ser costosas para las cuentas públicas y difíciles de retirar». Y añade: «También pueden alimentar más inflación, agravar la fragilidad fiscal o elevar aún más los precios mundiales de la energía». Las subvenciones energéticas no sólo distorsionan los precios a costa del contribuyente -al final, cualquier ayuda pública la paga toda la sociedad-, sino que benefician desproporcionadamente a los más ricos. Estas ayudas, al igual que otras políticas intervencionistas y generalizadas como el techo de precios, «suelen beneficiar más a los hogares de mayores ingresos y son difíciles de retirar», porque son los que las consumen y se acostumbran a ellas. Los casos descritos por el FMI no son teóricos y ya se sienten en las calles de todo el mundo. En respuesta al cierre del Golfo, Indonesia ha ampliado sus tradicionales subsidios a la gasolina, una política ineficaz para paliar la escalada de precios que, la última vez que el Gobierno intentó recortar, en 2022, desencadenó protestas masivas y una crisis política. Argentina ofrece otro ejemplo clásico, incluso antes de la guerra de Irán. Dos décadas de subsidios indiscriminados, incluso en la factura de la luz, desde los años 2000 han contribuido al deterioro fiscal del país. Una medida de último recurso como los subsidios sólo se justifica en condiciones extremas. En este caso, el FMI enumera varias, entre ellas que los aumentos de la energía se trasladen rápidamente al conjunto de la economía o que las cuentas públicas tengan margen para absorber el coste. «Estas condiciones son difíciles de evaluar en tiempo real y, en cualquier caso, los controles de precios generalizados tienen importantes efectos secundarios», resume el organismo. El Fondo reconoce que «no hay una receta única» para responder a la crisis energética, porque depende de las peculiaridades de cada país, como su dependencia de los combustibles fósiles o el presupuesto público, dos variables que juegan en contra de Indonesia, por ejemplo. Sin embargo, el organismo internacional propone una guía común en tiempos de crisis: la primera ayuda debe ser para los más vulnerables. Los hogares más ricos también tienen menos ahorros, y las familias más pobres dedican con frecuencia una parte de sus ingresos a energía y alimentos, el doble o el triple que los hogares más ricos. Protegerlos es importante para preservar la cohesión social y evitar un aumento de la pobreza», defiende el FMI. Para ello, sugiere a los Gobiernos que amplíen las políticas de transferencias directas porque, según ordena, «limitan el coste fiscal». El apoyo temporal a la liquidez -como préstamos respaldados por el Estado, líneas de crédito o aplazamientos a corto plazo de impuestos y cotizaciones sociales- debería ser la primera línea de respuesta. Estas herramientas son menos costosas para las cuentas públicas y más fáciles de retirar. Es preferible evitar las subvenciones directas o las inyecciones de capital, dado su elevado coste fiscal y la dificultad política de revertirlas. Las pequeñas empresas también deben ser una prioridad en la primera respuesta de los gobiernos a la crisis. Las herramientas recomendadas incluyen préstamos, líneas de crédito o aplazamientos fiscales a corto plazo. «Estas herramientas son más fáciles de retirar y menos costosas para las cuentas públicas. Es preferible evitar las subvenciones directas o las inyecciones de capital, dado su elevado coste fiscal y la dificultad política de revertirlas», opina. Una respuesta a una crisis debe ser como ella, temporal.
