Es difícil tomarse en serio a Steven Spielberg en tiempos de desconfianza y cinismo. Y no hay otra forma. En sus películas, este genio no escribe entre líneas. Lo que ves son los justos, no lo que ves. Cree en los seres humanos, en el amor y en el futuro. Y ya están aquí, entre nosotros. Humanismo y dolor.
El autor de «E. T. » y «Parque Jurásico» tiene algo que decir en «El día de la revelación» y Dios sabe que el mensaje se entiende, las justas ambigüedades
Es difícil tomarse en serio a Steven Spielberg en tiempos de desconfianza y cinismo. Y no hay otra forma. En sus películas, este genio no escribe entre líneas. Lo que ves son los justos, no lo que ves. Cree en los seres humanos, en el amor y en el futuro. Y ya están aquí, entre nosotros. Humanismo y dolor. . El día de la revelación es una película directísima. Tanto que, en manos de otro (y me viene un nombre: Paul Verhoeven), uno podría pensar que tanta claridad tiene que esconder algo. Que, como en Starship Troopers, en el subrayado está el tachón y en la loa la metáfora. Pero Spielberg no es Verhoeven. El autor de E.T. y Parque Jurásico (y daría más títulos imprescindibles, pero entonces me quedaría sin espacio en esta columna) tiene algo que decir en El día de revelación y sabe Dios que el mensaje se entiende. Subrayados inequívocos, metáforas inexistentes.. Aunque sea muy menor en la filmografía del maestro, esta película parece que sí podría, por fin, reconectarlo con los grandes públicos. También con nichos de mercado incómodos: la revelación que su ficción propone ha sido recibida por algunos como una realidad. Hay grupos que asociaron el estreno de Spielberg con el rumor de que la administración Trump haría públicos documentos oficiales relativos a la existencia de (y contacto con) seres extraterrestres. Ese es básicamente el argumento de El día de la revelación. Siempre cuento lo de aquella chica que se creía Contact. Lo suyo, desde luego, tenía más mérito, pues entonces no había ni internet ni Iker Jiménez. Hoy hay eso y más. Como ya no nos creemos nada, potencialmente podemos creernos cualquier cosa. Y a cualquier flipado.. Otras revelaciones, éstas más obstaculizadas que impulsadas por Trump, son las de las fechorías de Jeffrey Epstein. Son tan monstruosas y están tan incompletas que era de esperar que la conspiranoia también hiciera de las suyas con ellas. Los pirados más premium se han remontado hasta la Eyes Wide Shut de Kubrick para encontrar pistas que, en una película, nos alertasen de lo que estaba pasando ahí. Como tantas teorías locas de la conspiración, ésta de Kubrick es divertidísima. A menos que te la creas, claro. Entonces es otra puerta abierta a convertir tu vida en una sucesión de episodios de Expediente X.. No me quiero ni imaginar la que se montaría si esa serie se estrenase hoy. En Expediente X lo tienes todo: la verdad está ahí fuera, ellos no quieren que sepas, el gobierno niega todo conocimiento, la leyenda era real, Klaatu barada nikto, vanpiro esiten. Hasta reptilianos había en la serie de Mulder y Scully. Sus guionistas la escribían con la convicción de que los espectadores entenderían su tensión entre creer y no creer, entre ciencia y fe, entre misterio y explicación lógica, entre la pragmática y el soñador. Siempre me molestó que fuese éste último el que finalmente tuviera razón. Entonces, aquello tenía su gracia. Hoy no. El día de la revelación va de ese palo y por eso es una película desasosegante.
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