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“Quien quiera ser líder, que llegue a acuerdos”, decía a su equipo la exministra, conocida por sentarse a dialogar y escuchar
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Escribo estas líneas desde el dolor, pero sobre todo desde la gratitud por haber conocido y disfrutado, junto a muchos otros afortunados, a Fátima Báñez.. Fátima fue ministra. También fue esposa, madre, hija y hermana. Y fue la amiga buena e irremplazable de tantos que tuvimos la suerte de tenerla cerca. Ella siempre me decía con cariño que era mi hermana mayor. Y lo fue. Fui su jefe de gabinete y después secretario de Estado de Empleo en su equipo ministerial. Pero sobre todo fui su alumno: fue la mejor maestra y compañera en la inigualable labor de servir a España.. Todo empezó en San Juan del Puerto, Huelva. Allí una joven empresaria soñaba con ser diputada, y lo consiguió de la mano de Javier Arenas. Después trabajó junto a Teófila Martínez, recorriendo incansablemente en coche las ocho provincias andaluzas. Le seguía el paso, inasequible al desaliento, con un ímpetu y una alegría difíciles de igualar. Esa energía no pasó inadvertida en el Congreso, y desde allí su querida Soraya quiso contar con ella para reforzar el área económica del PP en la oposición.. En diciembre de 2011, cuando Mariano Rajoy le llamó para que fuera ministra de Empleo y Seguridad Social, nuestro mercado laboral se hundía. Desde el inicio de la crisis financiera se habían destruido más de dos millones de puestos de trabajo, había más de cinco millones de personas en paro y la confianza del país estaba bajo mínimos. Le tocó torear un Miura, y ella, gran aficionada a los toros, sabía que solo se podía torear con temple y mano izquierda. Y bien que lo hizo. Nunca se escondió en los toriles. Dio la cara, asumió el coste de decisiones difíciles y llenó el ministerio de determinación, optimismo, inteligencia y generosidad. Así contribuyó, con el esfuerzo de todos los españoles, a que España recuperara el empleo y la confianza en su futuro.. Las reformas clave en materia de empleo, inmigración y seguridad social llevan su firma y su impronta. Hoy se juzgan en otro contexto. Ella sabía que el mejor gasto social es el empleo, y que la mejor política es la que ofrece oportunidades a quien no las tiene.. Sumar, sumar y sumar. Fue, sin duda, la expresión que más repitió en sus años de ministra. No era una forma de hablar. Era una convicción profunda: si sumábamos, España podía cambiar de rumbo. Contaba con todos y escuchaba a todos: empresarios, sindicatos, autónomos, pymes, expertos y su equipo, sí. Pero también a la gente que le paraba por la calle en sus constantes recorridos por España. Era exigente, pero siempre pedía opinión y consejo, y construía sus posiciones escuchando. Después decidía y se hacía responsable. Era discreta, pragmática y leal. Por eso fue interlocutora y confidente de tantos, y por eso firmó tantos acuerdos, primero en el Gobierno y después al frente de la Fundación CEOE. Le gustaba repetir: “Quien quiera ser líder, que llegue a acuerdos”. Y bien que lo fue.. Fátima tenía fe en Dios, en su querida Virgen del Rocío, en la vida y en las personas. Confiaba en los demás y se entregaba sin pedir nada a cambio. No hablaba mal de nadie y no se quejaba. Su optimismo era sencillo, nunca sobreactuado. Cuando las cosas se ponían cuesta arriba, te miraba y te decía: “Confía, ya verás, tú hazme caso”. Siempre esperaba lo mejor. Y lo mejor, casi siempre, terminaba abriéndose paso.. No tenía versiones ni dobleces: era una mujer de una sola pieza. Por eso los que trabajamos con ella pudimos compartir su vida personal y familiar, y ella la nuestra. Esa misma forma de ser la acompañaba cuando tenía que escuchar, decidir o alcanzar un acuerdo.. Fuerza, bondad, empatía, alegría, inteligencia y compromiso. Entre tantas virtudes. Lo tenía todo y todo lo daba. Su muerte ha vuelto a demostrar su capacidad de sumar. Se han sumado a su despedida círculos y círculos de personas de la política, de la empresa y del diálogo social, muchas de ellas alejadas ideológicamente. Todas comparten una certeza: era una buena persona que sirvió a España con generosidad y con amor. Su familia del ministerio, como la del Partido Popular, la CEOE y tantos otros equipos que dirigió, estamos rotos y, a la vez, más unidos que nunca. Nuestra alma está con su familia.. Esa es la herencia que nos deja. No es solo el recuerdo de lo que fue. Es también una tarea para lo que viene. Nos enseñó que España sale adelante cuando suma, cuando escucha y cuando tiende puentes. También nos enseñó que servir al bien común es un honor y no una carga, y que la generosidad y la firmeza no están reñidas. Esa lección no se apaga con su ausencia: la llevaremos con nosotros para siempre. En su honor, sigamos su ejemplo. Sigamos sumando.. Descansa en paz, querida Fátima.. Juan Pablo Riesgo fue secretario de Estado de Empleo con Fátima Báñez.
