La economía de Cantabria llega a 2026 con bases estables, pero también con límites estructurales que han seguido dificultando su plena convergencia con la media española. Este ha sido el diagnóstico compartido por economistas, empresarios y responsables públicos durante la presentación del Barómetro de la Economía de Cantabria 2025-2026, celebrada en el Foro SER Cantabria, organizado por la Cadena SER. Seguir leyendo
La comunidad comienza este ejercicio con una previsión de crecimiento del 1, 6% al 2, 1%, que se apoya en el empleo, la demanda interna y unas disposiciones fiscales favorables.
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La economía de Cantabria ha llegado a 2026 con bases estables, pero también con límites estructurales que han seguido dificultando la plena convergencia con la media española. Este fue el diagnóstico compartido por economistas, empresarios y responsables públicos durante la presentación del Barómetro de la Economía de Cantabria 2025-2026, celebrada en el Foro SER Cantabria, organizado por la Cadena SER. El crecimiento económico regional en 2026 se situará entre el 1, 6% y el 2, 1%, aproximadamente medio punto por debajo de la previsión nacional, que se estima entre el 2, 1% y el 2, 4%, según el informe elaborado por el Servicio de Estudios del Consejo General de Economistas y el Colegio de Economistas de Cantabria. Esta diferencia ha reavivado el debate sobre las causas que explican el menor ritmo de avance relativo del PIB cántabro. El director del Centro de Estudios del Consejo General de Economistas, Salvador Marín, ha afirmado que «Cantabria no ha presentado desequilibrios macroeconómicos relevantes a corto plazo, sino condicionantes estructurales». Según Marín, «la región ha crecido de forma sostenida, ha reducido significativamente el paro y ha mantenido la estabilidad presupuestaria, pero no ha conseguido traducir estos avances en mejoras suficientes de la productividad y del valor añadido». El propio barómetro ha reflejado esta dualidad. Cantabria ha cerrado 2025 con una tasa de paro del 6. 77%, una de las más bajas del país, lo que ha fortalecido el consumo privado y ha permitido afrontar 2026 con una sólida base de demanda interna. No obstante, la tasa de empleo se ha mantenido por debajo de la media nacional y el crecimiento del PIB ha seguido siendo inferior al del conjunto del Estado. Para Marín, «este desfase ha estado ligado a una menor apertura exterior, al menor peso de los servicios intensivos en conocimiento y a un insuficiente esfuerzo en innovación empresarial». Visión empresarial: una brecha acumulada en el tiempo. Desde una perspectiva empresarial, el presidente de CEOE Cantabria, Enrique Conde, ha reforzado este diagnóstico con una lectura a largo plazo. Conde ha considerado que «la pérdida de posiciones relativas de la economía cántabra no ha sido un fenómeno reciente, sino el resultado de decisiones acumuladas durante varias décadas». Según él, «la comunidad no ha dirigido suficientemente sus inversiones hacia la transformación del tejido productivo existente, apoyándose en ocasiones en nuevas estrategias de atracción de actividad sin una modernización equivalente de la base empresarial ya establecida. » Conde ha advertido de que «este planteamiento ha limitado la capacidad de Cantabria para aprovechar al máximo sus activos industriales y humanos». Aunque «ha reconocido la fortaleza del mercado laboral y la elevada confianza empresarial, ha recordado que estos factores no han sido suficientes para cerrar la brecha de crecimiento con otras comunidades mejor posicionadas en términos de productividad y dimensión empresarial». Innovación e I+D: el principal cuello de botella. El punto de mayor consenso entre economistas, empresarios y responsables públicos ha sido la debilidad del esfuerzo innovador. El gasto en I+D en Cantabria se ha situado en torno al 0. 96% del PIB, claramente por debajo del 1. 5% de la media nacional, y con una limitada participación empresarial. Marín ha subrayado que «el problema no ha estado sólo en el volumen de recursos, sino en la escasa transferencia efectiva de conocimiento al ámbito productivo, lo que ha reducido su impacto en la competitividad regional». Esta lectura ha sido apoyada desde la experiencia empresarial por Natalia Alciturri, consejera delegada de la empresa tecnológica Semicrol. Alciturri ha señalado que «la innovación ha sido un elemento estructural de la actividad de su empresa y ha advertido de los riesgos regulatorios y la incertidumbre administrativa a la que se han enfrentado muchas firmas innovadoras». A pesar de ello, Semicrol ha desarrollado una estrategia basada en la especialización de productos, la reinversión sistemática y la internacionalización, expandiendo su actividad a mercados exteriores principalmente con recursos propios. A nivel institucional, el consejero económico, Luis Ángel Agüeros, ha defendido que «la atracción de inversión extranjera es una palanca clave de crecimiento». Ha destacado que la comunidad «ha consolidado un clima de confianza y estabilidad, ligado a una política económica basada en la reducción de impuestos y la simplificación administrativa». Todo ello ha permitido seguir preservando el dinero público gracias a un mayor dinamismo económico. Ante los retos a corto y medio plazo, ha puesto el foco en la innovación, destacando que la financiación para I+D+i ha pasado de 38 millones de euros en 2023 a 93 millones de euros en 2026, alcanzando los 2. 000 millones de euros. 37% del presupuesto autonómico. Talento, servicios avanzados y políticas públicas. Desde Sodercan, su consejero delegado Ángel Pedraja ha argumentado que «Cantabria ha demostrado en etapas anteriores su capacidad para incrementar el esfuerzo innovador y ha señalado que la estrategia actual ha buscado recuperar esta senda con un enfoque más selectivo y orientado al mercado». Pedraja ha insistido en «la importancia de identificar proyectos con verdadero potencial, apoyarlos técnicamente y fortalecer las alianzas entre empresas, universidades y centros tecnológicos». La cuestión del talento ha pasado por todos los análisis. Los participantes han coincidido en que Cantabria ha formado capital humano cualificado, pero no siempre ha proporcionado un entorno atractivo para su retención y desarrollo. En este contexto, el impulso de los servicios intensivos en conocimiento se ha identificado como una de las principales palancas para reducir la temporalidad, elevar los salarios y mejorar la productividad agregada de la economía regional.
