Carlos Corpo lleva un tatuaje de «El Principito» en la parte interior de su brazo izquierdo. El tatuaje se lo hizo en 2019, en Las Vegas, por motivos que prefiere no revelar, pero este julio de 2026, cuando cumpla 100 días como primer vicepresidente del Gobierno en este polvorín político que es España, un pasaje de la obra de Saint-Exupéry cobra todo su sentido: «Si los volcanes se portan bien, arden lenta y regularmente, sin erupciones». Tras la marcha de María Jesús Montero, Pedro Sánchez eligió a Corpo como número dos del Ejecutivo, en contra del pronóstico de gran parte de su propio gabinete, con un objetivo similar: apaciguar los volcanes. Seguir leyendo
Consulta las decisiones del Congreso en una aplicación, practica la meditación e intenta hablar de economía entre preguntas sobre corrupción. En sus primeros 100 días como «número dos» del Gobierno, busca una definición diferente de «político».
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Carlos Corpo se ha tatuado «El Principito» en la parte interior de su brazo izquierdo. El dibujo se lo hizo en 2019, en Las Vegas, por motivos que prefiere no revelar, pero este 20 de julio de 2026, cuando cumpla 100 días como primer vicepresidente del Gobierno en este polvorín político que es España, un pasaje de la obra de Saint-Exupéry cobra sentido: «Si los volcanes se portan bien, arden lenta y regularmente, sin erupciones». Tras la marcha de María Jesús Montero, Pedro Sánchez eligió a Corpo como número dos del Ejecutivo, en contra de las previsiones de gran parte de su propio gabinete, con un objetivo similar: calmar los volcanes. Body (Badajoz, 45 años), de perfil sobrio y trato afable, un tecnócrata sin carné de partido, fue elegido para afrontar la recta final de una legislatura tensa y para poner en primer plano la buena marcha de la economía. Su nombramiento como ministro en diciembre de 2023 fue descrito con cierto desdén por parte de la élite económica y política de este país («un técnico», se decía en tono desdeñoso; «un perfil correcto», se pronunciaba sin emoción). Sin embargo, su figura fue ganando peso a los ojos de Sánchez hasta llevarlo al cargo de vicepresidente: de limitarse a recibir preguntas del Partido Popular, pasó a enfrentarse cada miércoles con la portavoz del PP, Ester Muñoz, en la sesión de control al Gobierno, para presentar las previsiones y hablar de la inflación, para ser interrogado por los delitos de José Luis Ábalos o las joyas de José Luis Rodríguez Zapatero. El lunes 6 de julio es un día de trabajo en el ministerio, sin actos públicos, y recibe a EL PAÍS en manga corta y con esas botas deportivas de color marrón con las que juró el cargo de ministro en 2023 y que tanto revuelo causaron en las redes sociales. «El nivel de polémica tan grande que hay está eclipsando muchas noticias de fondo importantes; a veces, algunos ataques van directamente contra la persona y, por eso, resulta muy difícil mantener cualquier tipo de diálogo», explica. Es consciente de que la Cámara ha superado los 100 decibelios porque los utiliza en una aplicación, pero su rostro, con una media sonrisa casi permanente, apenas altera lo que ocurre en la sala. Le ayuda en la meditación, que lleva practicando de forma intermitente desde hace 15 años, según cuenta. Además, sigue yendo a pie todos los días desde el ministerio hasta su casa, tal y como hacía antes. Como resultado, no ha sufrido ningún rechazo; como mucho, ha habido una respuesta espontánea: «No te voto, pero me caes bien». Es una sensación que se refleja en las encuestas. «Tiene una valoración muy buena para los tiempos que corren, de un 5, 93 en el CIS, la mejor valoración del Gobierno y la sexta mejor conocida», afirma Belén Barreiro, directora de la empresa de sondeos 40dB, aunque lo más destacable, subraya, es que «polariza relativamente poco». «La izquierda lo valora muy positivamente, pero entre los votantes de centro y centro-derecha la valoración es muy similar a la
