Las crisis se encadenan a un ritmo vertiginoso -el conflicto de Oriente Próximo es el avatar más reciente- y la incertidumbre parece haberse instalado definitivamente en el paisaje económico. Prueba de ello es el cambio de comportamiento de familias y empresas hacia una mayor cautela en sus decisiones de gasto e inversión. Continúa leyendo. Inflación. La inflación subió en marzo al 3. 4 por ciento sobre una base anual, no sólo debido a la fuerte subida de los precios del petróleo y el gas causada por la guerra de Irán. También contribuyó la persistente tensión en los componentes subyacentes, sobre todo en los servicios, incluidos los vinculados al turismo. Las medidas fiscales adoptadas por el Gobierno han podido restar hasta tres décimas a la inflación, pero su retirada -prevista en principio para junio- afectaría a la trayectoria de los precios en la segunda parte del año.
Los riesgos económicos retrasan el exceso de ahorro y reducen la eficacia de las políticas a corto plazo
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Las crisis se encadenan a marchas forzadas -el conflicto de Oriente Próximo es el avatar más reciente- y la incertidumbre parece haberse instalado definitivamente en el panorama económico. Prueba de ello es el cambio de comportamiento de familias y empresas hacia una mayor cautela en sus decisiones de gasto e inversión. En toda la Unión Europea se detecta una creciente propensión al ahorro del sector privado (Irlanda, cuyas estadísticas se ven alteradas por los flujos de pago de las grandes empresas, es la única excepción). En los últimos tres años, los hogares europeos han gastado casi el 15% de su renta disponible, una media dos puntos superior a los valores habituales. Y en España la tasa de ahorro ha aumentado dos veces. . Semejante infructuosidad no tiene una simple justificación. Factores como los tipos de interés, que aumentan la viabilidad del ahorro, han tenido un pequeño impacto, aunque no mucho. En nuestro país, los activos financieros más comunes ofrecen una remuneración inferior a la de otros países europeos. La tónica dominante es la incertidumbre, que contribuye, por otra parte, al desfase entre el momento económico y su percepción social. Del mismo modo, las empresas son reacias a invertir todos sus excedentes, como cabría esperar, sobre todo en un ciclo expansivo como el que ha prevalecido hasta fechas recientes. Prefieren acumular liquidez en cuentas bancarias, comprar activos financieros o reducir deuda, de modo que, en los últimos tres años, las empresas no financieras europeas han destinado 8. 5% de los beneficios a estas operaciones. En España, el excedente alcanza el 11%, lo que se sitúa en la misma actitud de precaución que los hogares. En resumen, el sector privado está haciendo su propio análisis de la situación global basándose en la determinación del limitado espacio de maniobra de la nación a corto plazo. Prefieren asegurarse un colchón de liquidez, incluso cuando la economía va bien, para no exponerse a la próxima crisis. Este shock de ahorro privado tiene implicaciones relevantes para la política económica. En el futuro inmediato, una parte de la población tiene capacidad de ajuste ante la subida del precio de la energía que ha traído la guerra de Irán. Por ello, es posible no prorrogar el recorte general de las tarifas del petróleo más allá de junio, que es el plazo que tiene el Gobierno para continuar con esta medida, manteniendo el apoyo a los sectores vulnerables: se reducirían los efectos sobre el consumo de la eliminación de los subsidios indiscriminados, que son también los más costosos para las finanzas públicas. Por otro lado, es importante que los Estados apoyen la economía en momentos de debilitamiento coyuntural, evitando errores del pasado. Pero, en nuestro caso, aunque nos enfrentamos a una ralentización debida a las secuelas de la guerra, el crecimiento aún debería superar el 2% este año, sin necesidad de recurrir a medidas que alteren gravemente la senda de corrección de los desequilibrios presupuestarios. Conviene mantener el margen de actuación ante futuras perturbaciones y no exponerse a riesgos que presionen sobre una prima de riesgo que, por el momento, se mantiene en un nivel favorable. La ciudadanía parece ser consciente de la limitada capacidad de los Estados para aislar sus economías de los solapamientos geopolíticos. Para ser creíble, la respuesta debe dirigirse a la reducción estructural de las vulnerabilidades energéticas y tecnológicas, en cooperación con los socios europeos. La expansión de las energías renovables es un ejemplo de la dirección correcta. Aunque la tarea es compleja y siempre tentadora a corto plazo, una política con visión a largo plazo es la mejor manera de reducir el exceso de ahorro precario y desbloquear la inversión productiva, clave para el crecimiento sostenido. La inflación subió en marzo al 3 4% en base anual, no sólo por la fuerte subida de los precios del petróleo y el gas provocada por la guerra de Irán. También contribuyó la persistente tensión en los componentes subyacentes, sobre todo en los servicios, incluidos los vinculados al turismo. Las medidas fiscales adoptadas por el Gobierno han podido restar hasta tres décimas a la inflación, pero su retirada -prevista en principio para junio- afectaría a la trayectoria de los precios en la segunda parte del año. Raymond Torres es director de Coyuntura de Funcas. En X:@RaymondTorres _
