En el momento de escribir estas líneas, el único producto a la venta en la página web oficial de Miguel Adrover es un libro. La mayoría de sus fotos las ha hecho Adrover y en ellas aparece Adrover como protagonista. El resto repasan su trayectoria como diseñador de moda.
Han pasado muchas cosas entre el Nueva York de 2001 y el Calonge de hoy. «The Designer is Dead» solo cuenta unas pocas
En el momento de escribir estas líneas, el único producto a la venta en la página web oficial de Miguel Adrover es un libro. La mayoría de sus fotos las ha hecho Adrover y en ellas aparece Adrover como protagonista. El resto repasan su trayectoria como diseñador de moda. . El libro es bien caro (300 euros) pero solo con que contenga los autorretratos de Adrover que podemos ver en The Designer is Dead’, la inversión valdrá la pena. Posando ante su propia cámara, el creador mallorquín es una mezcla de quijote y travesti, de galgo y dragón, de Debra Shaw y Eusebio Poncela. Las imágenes son bellísimas: Miquel Barceló y Floria Sigismondi, Mark Romanek y Joel-Peter Witkin, Calonge y Arrakis. «Sólo son cuatro fotos de mierda», dirá él. Adrover, que ya supera los 60, no es que no sea una persona conformista, es que llevar la contraría es parte de su personalidad. Su carácter es tan fuerte que hasta sus pérdidas parecen retiradas solemnes. Lo fue todo durante unos pocos años en la Nueva York del cambio del milenio. Hoy vive en su tierra natal, con lo mínimo. Allí se deja filmar por la cámara de Gonzalo Hergueta, colaborador habitual de C. Tangana, que a su vez produce el documental.. The Designer is Dead, disponible en Filmin, nos recuerda el gran momento de Adrover. Aquello también fue el comienzo de su caída, más rápida todavía que su ascenso al Olimpo de la moda. A principios de septiembre de 2001 (uf), siendo el niño terrible de la semana de la moda de Nueva York, Adrover decidió tirar la casa por la ventana montando un ambicioso desfile en Nueva York. La noche del 9 de septiembre (uf, uf), Miguel Adrover, la marca, presentaba allí Utopía, una colección tan brillante como incómoda. Solo dos días después, esa incomodidad sería apocalíptica. Utopía ahondaba en la exploración de Adrover de una estética multicultural fascinada por el mundo árabe. Tras los atentados del 11-S, eso no era precisamente lo que la industria de la moda, y más la neoyorquina, quería proponer como deseable.. En una Nueva York de luto, el proyecto empresarial de Adrover colapsó en cuestión de semanas. Jenniffer Hoffman, su colaboradora y amiga, recuerda el desfile de ‘Utopía’ en términos parecidos: qué dislate y qué genialidad. Y qué mala suerte, joder. Las imágenes de la pasarela son increíbles. Es como si todo eso hubiera ocurrido hace 1000 años. Y como si Miguel Adrover tuviera 5000.. Tras la muerte en 1999 de Quentin Crisp, Miguel Adrover recogió de una calle del East Village el colchón del escritor maldito. Con su forro confeccionó una levita. Hoy esa prenda pertenece a la colección del Museo Metropolitan. Ese es el nivel.. Hoy el tipo vive en Calonge, con sus perros, sus flores y su cámara. Entre la Nueva York de 2001 y la Calonge de hoy han pasado muchas cosas. En The Designer is Dead solo se cuentan algunas. En la película sale más el perro de Adrover que Anna Wintour. Porque el diseñador está muerto, pero el hombre no.
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