
A pesar de las circunstancias más adversas, durante el último año la zona del euro ha resistido las presiones financieras derivadas de la geopolítica internacional. Prueba de ello es que el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que el PIB aumente un 1, 1 % en 2026 (dos décimas más que en su revisión de junio), tras registrar un 1, 5 % en 2025 y un 0, 9 % en 2024. Los datos apuntan a una economía más resistente de lo que cabría esperar ante el deterioro del entorno internacional, pero también ponen de relieve el problema que el organismo identifica para los próximos años: aunque la región está creciendo, no tiene suficiente potencial para hacerlo a un ritmo más elevado.
La organización eleva su previsión del PIB para 2026 en un 1, 1 % y la inflación anual hasta el 3, 1 %, impulsada por los costes energéticos.
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A pesar de las circunstancias más adversas, durante el último año la zona del euro ha resistido las presiones financieras derivadas de la geopolítica internacional. Prueba de ello es que el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que el PIB aumente un 1, 1 % en 2026 (dos décimas más que en su revisión de junio), tras registrar un 1, 5 % en 2025 y un 0, 9 % en 2024. Los datos apuntan a una economía más resistente de lo que cabría esperar ante el deterioro del entorno internacional, pero también ponen de relieve el problema que el organismo identifica para los próximos años: aunque la región está creciendo, no tiene suficiente potencial para hacerlo a un ritmo más elevado.
Este es el diagnóstico del informe «Perspectivas económicas regionales para Europa» del FMI, titulado «Optar por el crecimiento: reformas para la innovación, la escala y la resiliencia». El organismo advierte de que la región se encamina hacia una larga etapa de «crecimiento mediocre», no tanto por los golpes que está recibiendo desde el exterior como por las debilidades que ya existían anteriormente. Dentro de este panorama de atonía generalizada, España se perfila como la gran excepción entre las principales potencias del bloque. El FMI ha elevado en cuatro décimas su previsión para el PIB español en 2026, hasta alcanzar el 2, 5 %, una cifra que duplica con creces la media comunitaria y contrasta con los débiles resultados de economías como Alemania (1, 3 %), Italia (0, 8 %) o Francia (0, 4 %).
Desde una perspectiva regional, la agencia advierte de que la productividad avanza con demasiada lentitud, el mercado único sigue sin funcionar y «la parálisis de las reformas estructurales en cada país sigue siendo una barrera que impide a las empresas ganar escala, obtener financiación suficiente y expandirse a un mercado más amplio». Estos son los tres factores que limitan la capacidad de Europa para ganar impulso, incluso cuando desaparezcan las perturbaciones externas, como la guerra en Oriente Medio. Por ello, el FMI estima que el crecimiento potencial de la zona del euro será de solo el 1, 1 % a medio plazo (para el conjunto de la Unión Europea, la tasa es del 1, 3 %). En otras palabras, incluso si se disiparan los actuales problemas energéticos y geopolíticos, Europa seguiría enfrentándose a dificultades para acelerar su economía.
La debilidad estructural hace que cualquier perturbación externa resulte aún más difícil de sobrellevar, de modo que un nuevo aumento de los costes de transporte o un problema en las cadenas de suministro basta para enfriar las previsiones. En esta ocasión, las causas han sido el conflicto armado en Oriente Medio —que estalló a finales de febrero—, así como una ola de calor y una sequía de una intensidad sin precedentes durante el verano, que dañaron las cosechas y redujeron la producción de electricidad.
El impacto de estas perturbaciones negativas también se ha trasladado a los precios. El aumento del precio del gas, la electricidad y los combustibles ha situado la inflación general en casi el 4 % en septiembre. Ante la persistencia de la guerra, el FMI prevé que la inflación media de 2026 alcance el 3, 1 %, medio punto más que en su estimación de abril. La previsión para 2027 también se ha revisado al alza en seis décimas, hasta el 2, 8 %. El retorno al objetivo impuesto por el Banco Central Europeo se retrasa así hasta 2028, año en el que el organismo prevé una tasa media del 2, 2 %.
Si hay algo positivo, es que la inflación subyacente —que excluye los alimentos frescos y los combustibles— seguirá una trayectoria más estable. El FMI estima que será del 2, 2 % en 2026 y del 2, 3 % en 2027. Esta evolución apunta a que, por el momento, el aumento de los precios de la energía no se ha trasladado de forma significativa al resto de los precios. Sin embargo, el organismo no descarta la posibilidad de que la crisis energética acabe contagiándose a más bienes y servicios y prolongue las presiones inflacionistas.
Causas del bajo crecimiento
Más allá de los problemas actuales, el organismo que dirige Kristalina Georgieva considera que el crecimiento europeo se debe a la creciente brecha de productividad respecto a sus principales competidores, especialmente Estados Unidos. Y la causa es la dificultad que tiene para aprovechar el potencial de crecimiento de la inteligencia artificial y la economía digital.
Las empresas europeas siguen centrando sus esfuerzos innovadores en sectores tradicionales, mientras que se quedan rezagadas en tecnologías de vanguardia. Como resultado, el FMI recuerda que, durante la última década, los activos intangibles y las tecnologías avanzadas han contribuido con alrededor de tres cuartos de punto porcentual al año al crecimiento de la productividad laboral de EE. UU. , frente a la mitad en la Unión Europea.
A esta falta de innovación se suma la dificultad de las empresas europeas para ganar en tamaño. La fragmentación del mercado único y los obstáculos burocráticos, fiscales y jurídicos dificultan el crecimiento de las empresas. La falta de una verdadera Unión del Ahorro y la Inversión y la fragmentación de los mercados de capitales también impiden que el ahorro europeo se traduzca en una inversión más productiva. Algunos de estos recursos acaban financiando proyectos en Estados Unidos, en lugar de impulsar a empresas capaces de crecer en un mercado integrado de más de 400 millones de consumidores.
Estas deficiencias se ven agravadas por los elevados costes energéticos y el envejecimiento demográfico. A pesar del crecimiento de las energías renovables, la fragmentación de los mercados eléctricos europeos hace que los precios varíen de un país a otro y fomenta la competencia entre empresas de EE. UU. y China. Al mismo tiempo, el envejecimiento disminuye gradualmente la población en edad de trabajar. Además, existen mayores necesidades de gasto público en materia de defensa, pensiones, sanidad y transición climática, lo que, según el FMI, aumentará el gasto en 4, 5 puntos del PIB de aquí a 2040. Esta presión reducirá el margen de maniobra de los Estados para financiar inversiones estratégicas sin menoscabar la viabilidad de la deuda.
