Donald Trump solo le tiene miedo a una cosa: los mercados financieros. El presidente de Estados Unidos rectificó el año pasado en el Día de la Liberación cuando impuso aranceles indiscriminados a todo el mundo. Entonces, los bonos del tesoro se dispararon y el líder republicano paralizó la andanada comercial asustado por la reacción de Wall Street. Es lo único ante lo que parece reaccionar. Por eso, para apaciguar la creciente desconfianza del mercado, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, ha anunciado este miércoles que duplicará las compras de deuda para tratar de reducir los costes de financiación de la economía.
El Tesoro ha revelado un cambio en la estrategia implementada hace catorce días, tras la aparición de bonos a 30 años que alcanzan el mayor rendimiento en veinte años.
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Donald Trump solo le tiene miedo a una cosa: los mercados financieros. El presidente de Estados Unidos rectificó el año pasado en el Día de la Liberación cuando impuso aranceles indiscriminados a todo el mundo. Entonces, los bonos del tesoro se dispararon y el líder republicano paralizó la andanada comercial asustado por la reacción de Wall Street. Es lo único ante lo que parece reaccionar. Por eso, para apaciguar la creciente desconfianza del mercado, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, ha anunciado este miércoles que duplicará las compras de deuda para tratar de reducir los costes de financiación de la economía.
El Tesoro ha explicado que incrementará las recompras de deuda pública a largo plazo para respaldar la liquidez del sistema. “El tamaño máximo actual de 2.000 millones de dólares por operación aumentará a al menos 4.000 millones de dólares por operación”, señala el Tesoro a través de un comunicado.
Los tipos de los bonos a 30 años alcanzaron los niveles más altos desde 2007, con un nivel más allá del 5,3%, y el de 10 años rozó el 4,75%. El mercado de bonos refleja la inquietud de los analistas por el descontrol de la deuda pública de EE UU, las ingentes inversiones, a base de endeudarse, de las compañías tecnológicas para desarrollar sus modelos de IA y la persistente inflación.
El anuncio de este miércoles provocó una rápida corrección de los tipos. El rendimiento de los bonos a 30 años, el activo más afectado por la presión vendedora de las últimas jornadas, bajó al 5,2%.
La Casa Blanca comienza a ofrecer signos de preocupación por la salud de los mercados financieros. El Partido Republicano, que lidera Donald Trump, se enfrenta en tres meses a unas elecciones de mitad de mandato, que serán decisivas para el futuro del país. Trump se juega buena parte de su poder y el alcance de su legado. Los republicanos controlan las dos cámaras del Congreso y las encuestas muestran un enorme desgaste de la Administración Trump por la guerra de Irán y la crisis de la asequibilidad.
Así que el ocupante de la Casa Blanca está haciendo todo lo posible por evitar una perturbación financiera a pocos meses de esas elecciones. Por eso, solo dos semanas después de que el Tesoro publicara su calendario previsto de recompras para este trimestre, el departamento que dirige Bessent indicó que “como mínimo duplicará con creces el tamaño de las operaciones de recompra destinadas a apoyar la liquidez” de los títulos con vencimientos más a largo plazo.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ya mencionó el año pasado el programa de recompras como parte del “amplio conjunto de herramientas que podemos desplegar” si fuera necesario para hacer frente a dislocaciones en el mercado de deuda pública estadounidense. Desde que asumió el cargo también ha repetido que su principal referencia financiera son las rentabilidades de los bonos a 10 años. En noviembre pasado afirmó: “Mi trabajo es ser el principal vendedor de bonos de la nación, y las rentabilidades del Tesoro son un sólido barómetro para medir el éxito de este objetivo”. Esta referencia a 10 años no está lejos, de todos modos, de los récords desde 2007 (el interés del 4,9% marcado en 2023), ante las perspectivas de una inflación persistente y elevada (está en el 3,4%), el desequilibrio de las cuentas públicas (el déficit es del 6%) y la creciente competencia de las masivas emisiones de deuda de las empresas que desarrollan inteligencia artificial.
Desde el próximo el 9 de septiembre y hasta el 4 de noviembre de 2026, el Departamento liderado por Scott Bessent elevará el límite máximo actual por operación desde los actuales 2.000 millones de dólares (1.728 millones de euros) “a un mínimo de 4.000 millones”. El calendario provisional del Tesoro contemplaba la compra de 14.000 millones en bonos de entre 10 y 30 años en estas ocho semanas, cantidad que ahora se elevará en al menos 14.000 millones adicionales.
“Si las rentabilidades suben demasiado, el Tesoro intentará combatirlo, y ahora sabemos dónde están algunos de sus umbrales de dolor”, afirmó John Briggs, responsable de estrategia de tipos estadounidenses en Natixis. No es la primera vez que la evolución del mercado de bonos obliga a reaccionar al Ejecutivo de Trump de Estados Unidos, como ya ocurriera en los peores momentos de la guerra comercial o del ataque a Irán.
“Esta Administración necesita una victoria y quizá llegue en forma de un intento artificial de contener las rentabilidades de la deuda pública a largo plazo”, dijo a Bloomberg Jack McIntyre, gestor de carteras de Brandywine Global Investment Management. “Tienen que intentar algo. El sentimiento respecto al tramo largo de las curvas a nivel global es de los más bajistas que he visto en muchísimo tiempo”.
Las autoridades realizaron el anuncio en un momento en que las rentabilidades de la deuda pública a largo plazo de todo el mundo han escalado esta semana hasta los niveles más altos en décadas . El mercado tiene también en el radar la próxima subasta de 16.000 millones de dólares de nuevos bonos a 20 años, después de que la subasta de deuda a 10 años de la semana pasada registrara el mayor coste de financiación para ese plazo desde 2007.
Las autoridades del Tesoro reintrodujeron el programa de recompras de deuda en 2023, una iniciativa concebida originalmente hace más de dos décadas, cuando el Gobierno disfrutaba de superávits presupuestarios y recompraba y retiraba títulos con mayores costes financieros. El nuevo programa tenía como objetivo, en parte, impulsar la liquidez del mercado, ya que los operadores suelen preferir mantener los títulos de referencia vigentes para cada plazo, dejando los más antiguos con menor liquidez y mayores costes de negociación. “Este aumento del tamaño de las operaciones de recompra refleja el deseo del Tesoro de proporcionar un mayor apoyo a la liquidez en los tramos nominales de mayor duración, donde existe un respaldo constante y sólido por parte de los participantes del mercado”, señaló el Tesoro en su comunicado.
Pese a estas operaciones de recompra, el volumen de deuda pública estadounidense sigue creciendo de la mano de los fuertes déficits presupuestarios. Hace apenas unos días el Tesoro abonó alrededor de 85.000 millones de dólares en intereses a los tenedores de bonos, la mayor cantidad registrada. El comunicado del miércoles no indicaba cómo se financiarán estas operaciones, aunque el Tesoro suele recurrir a la emisión de letras, con vencimientos de hasta un año, para cubrir sus necesidades variables de financiación. Está por ver cuánto durará el impacto de la medida. “Lo que realmente hace bajar las rentabilidades a largo plazo es una desaceleración económica o una resolución del conflicto con Irán, y no estoy seguro de que hayamos llegado aún a ese punto”, afirmó McIntyre.
