Carlos Collado «El Niño de la Taurina» (Santa Olalla, 1970) vuelve ahora al mismo local que le dio nombre, en la misma localidad, la suya, Santa Olalla, en el mismo lugar donde vio la luz. El niño de «La Taurina», aquel restaurante donde paraban los toreros en la provincia de Toledo, fue bautizado por el inolvidable maestro Gregorio Sánchez. Su carrera fue meteórica, con una potencia de mano impensable a día de hoy, con Madrid como trampolín. Tenía una tauromaquia completa, un delantal que, además, manejaba muy bien con la muleta. Otro producto de éxito de la Escuela de Tauromaquia de Madrid que, por desgracia, falleció pronto, tras alcanzar las cimas. Pero su historia es mejor que la cuente él mismo.
Su carrera fue meteórica, con Las Ventas como trampolín. Disfrutó de un gran prestigio como matador, respaldado por los triunfos. Fue retirado por el maestro Gregorio Sánchez. Poseía una tauromaquia completa y, además, jugaba muy bien.
Carlos Collado «El Niño de la Taurina» (Santa Olalla, 1970) vuelve ahora al mismo local que le dio nombre, en la misma localidad, la suya, Santa Olalla, en el mismo lugar donde vio la luz. El niño de «La Taurina», aquel restaurante donde paraban los toreros en la provincia de Toledo, fue bautizado por el inolvidable maestro Gregorio Sánchez. Su carrera fue meteórica, con una potencia de mano impensable a día de hoy, con Madrid como trampolín. Tenía una tauromaquia completa, un delantal que, además, manejaba muy bien con la muleta. Otro producto de éxito de la Escuela de Tauromaquia de Madrid que, por desgracia, falleció pronto, tras alcanzar las cimas. Pero su historia es mejor que la cuente él mismo. . PREGUNTA. Recuerdo el impresionante ambientazo que tenía usted de novillero.. RESPUESTA. Sí, es verdad. Especialmente el año 1987 fue bárbaro. Fue una época muy bonita.. P. ¿Qué supuso aquella triunfal novillada en solitario del 18 de octubre de 1987 en Las Ventas, ser aclamado por toda la afición de Madrid?. R. La hicimos a beneficio de la escuela de Madrid. Fue muy bonito. Eran unos años en los que salía todo muy bien. Me pilló muy joven y yo arreaba.. P. Y era un «torero total», con una tauromaquia muy completa. ¿Cómo definiría sus mayores virtudes?. R. Yo era un torero muy variado, hacía de todo en el ruedo. Banderilleaba, hacía quites con el capote y muchas cosas con la muleta. Me acuerdo de que empecé a hacer los cambiados por la espalda en aquella época de novillero, algo que no se veía mucho entonces, y en Madrid los empecé a hacer yo. También toreaba bien a los novillos que salían buenos. No todo era solo variedad.. P. Ahora que la Escuela de Madrid cumple 50 años, tengo la sensación de que, cuando se habla de sus grandes productos exitosos, hay un gran olvido que es el suyo. ¿Usted lo siente así?. R. Lleva mucha razón. Muchas veces, cuando lo escucho, me digo: «¡Joder, parece que yo no he sido de la Escuela de Madrid!». A mí nunca me han invitado para nada allí, ni a homenajes a maestros ni a tentar vacas con los alumnos. Y fíjese que fui de los toreros que hizo una encerrona benéfica donde toda la taquilla limpia de la plaza fue a parar a la escuela. Además, fui un alumno aventajado. Tengo un montón de diplomas de todos los años como becerrista y novillero. Como si se hubieran olvidado de mí. Mi época de novillero coincidió con la de Joselito, el Bote, el Fundi y toda esa gente.. P. Tomó la alternativa en agosto de 1988 en Toledo con un cartelazo de categoría máxima: Antoñete y Ortega Cano.. R. En esa época era uno de los máximos novilleros. Llegué a tener contratadas 80 novilladas, algo que hoy en día es inviable. Al final, por el percance del ojo [Algeciras, 1988] y otras circunstancias, acabé toreando sesenta y tantas esa temporada. Llegué a la alternativa ese mismo año en el sitio que quería y con un cartel soñado.. P. ¿Cómo le afectó la lesión ocular en su trayectoria?. R. Muchísimo. Fue una parada bastante grande porque llevaba una carrera muy buena. Era muy jovencito y ocurrió a principios de temporada,en abril. Casi pierdo el ojo por el palotazo de una banderilla. Requirió muchísimas operaciones y lo pasé bastante mal casi hasta la mitad de la temporada. Eso me paró.. P. ¿Y qué recuerdos tiene de Madrid, esa plaza tan suya?. R. A mí me acogió siempre muy bien desde novillero. Es evidente que cuando las cosas no salen, o cuando matas corridas duras y las cosas se complican, la gente te exige y te da. Pero no me puedo quejar de la afición de Madrid. Ir allí conllevaba mucha responsabilidad, te quitaba el sueño, pero siempre me anunciaba con mucha ilusión y alegría.. P. Lo prohijó el maestro Gregorio Sánchez en la escuela. ¿Cómo fue su relación?. R. Mis recuerdos con el maestro Gregorio son muy buenos. fue quien me sacó de niño. Con 12 años me fui a vivir con él a Talavera y allí me crié prácticamente. Íbamos todas las semanas juntos a dar clase a la escuela de Madrid. En 1984, cuando pasé a novillero con picadores, me propuso buscar un apoderado externo porque él tenía que estar en la escuela y no podía viajar conmigo. Ahí me puso en contacto con Manolo Cano. Respecto a nuestra relación, el año de la alternativa él se enfadó un poco por los típicos celos de apoderado. Mucha gente, como Manolo Molés, habló de que yo había sido un desagradecido y que lo había dejado, pero eso fue incierto. Jamás tuve ningún problema con él. De hecho, le brindé el toro el día de mi alternativa y vino conmigo ese día. Siempre fue mi maestro.. P. ¡Qué gran personaje Manolo Cano!. R. Sí, es verdad. Estuve con él casi toda mi vida profesional, desde 1984. Gregorio le pidió que fuera a verme a un pueblo de Madrid y Cano le dijo en el acto: «Me quedo con él». Estuvimos juntos hasta el año 2000, cuando por sus compromisos en Madrid ya no podía viajar conmigo y decidimos buscar a Justo Ojeda, que fue mi último apoderado.. P. Para la gente que no lo sabe, cuente de dónde viene su apodo de «El Niño de la Taurina».. R. Viene de que mi padre puso un bar en Santa Olalla en el año 1970. Por sugerencia del maestro Gregorio Sánchez, que era amigo de su padre, lo llamó «La Taurina». Como la carretera pasaba por el pueblo, en los 70 paraban allí muchísimos toreros. Yo era el hijo más pequeño y, cuando empecé a querer ser torero, la gente del pueblo comenzó a llamarme «El Niño de la Taurina». Ese se convirtió en mi nombre de guerra. Actualmente mis hermanos y yo seguimos gestionando el negocio de hostelería, que ahora incluye también un hotelito.. P. En el año 1990 vivió una tarde épica en Madrid con una corrida de Alonso Moreno, donde aguantó en el ruedo con tres cornadas.. R. Sí, recuerdo que lo tenía muy complicado esa temporada. Las cosas no me habían ido bien y no estaba anunciado en la Feria de San Isidro. Me ofrecieron esa corrida de Alonso Moreno antes de la feria y, como no tenía otra opción, me la tuve que jugar para ganarme un puesto en San Isidro. Uno de los toros me cogió por la tripa, me dio una cornada en el estómago, otra en la pierna y un puntazo en el glúteo en el suelo. En esos momentos calientes de la lidia no sientes el dolor. Así que aguanté, maté el toro y luego ya pasé a la enfermería.. P. ¿Cómo se pasa de tener el máximo ambiente en el 87 y 88 a tener que jugarse la vida con la de Alonso Moreno solo dos años después?. R. Porque las cosas no me salieron bien en Madrid. En aquella época, si no triunfabas en Madrid te bajaba el caché y las contrataciones. Como Manolo Cano trabajaba para la empresa de Las Ventas [los Lozano entonces], tiraban de mí y yo nunca decía que no. Pero son circunstancias. Cuando las cosas no salen, a uno le van apartando y echando las corridas duras. Es lo que hay.. P. ¿Y cuándo sintió que era hora de dejar el toreo?. R. Hacia los años 2008-2010. En 2003 o 2004 fui el triunfador de la Feria del Pilar en Zaragoza cortando tres o cuatro orejas. Pensé que al año siguiente volvería a las grandes ferias, pero se olvidaron de mí y apenas tuve contratos. Eso te desilusiona y te quita la ilusión. Al final, en 2009 o 2010, ver que solo me quedaba matar cuatro corridas duras y enormes en pueblos sin dinero me hizo pensar: «¿Qué pinto yo aquí después de haber estado en todas las ferias?». En el año 2010 lo colgué todo y me dediqué a mi familia y a mi negocio de hostelería.. P. ¿Siente que el toreo y la vida han sido nobles con usted?. R. He sido un afortunado y no me puedo quejar. He toreado con todas las grandes figuras de mi época, he cumplido casi todos mis sueños y he podido vivir del toro, ganar dinero y hacer mis inversiones. Mi única espina clavada fue no haber podido salir por la Puerta Grande de Madrid como matador de toros, algo que sí logré tres veces cuando era novillero. Compartir cartel con figuras como Capea, Ojeda, Espartaco, Roberto Domínguez, Dámaso González, Antoñete o mis compañeros Camino y Litri en el 87 fue un verdadero privilegio.
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