Los juicios de la historia suelen ser definitivos, pero en ocasiones duran unos años. Alan Greenspan, el todopoderoso presidente del Banco Central de EE. UU. , fue apodado «Maestro» en una hagiografía empalagosa escrita por uno de los periodistas de investigación que destapó el Watergate, y ocupó el cargo de presidente de la Reserva Federal entre 1986 y 2007. Ocupó el cargo bajo los mandatos de Reagan, Clinton y los dos Bush. Se hizo famoso por capear varias burbujas especulativas con un estilo caracterizado por sus declaraciones públicas enrevesadas, casi enigmáticas: el mercado daba por hecho que esa forma de comunicarse («si crees que has entendido lo que he dicho, probablemente me hayas malinterpretado») ocultaba una enorme sabiduría. Había sido seguidor de Ayn Rand, una inmigrante rusa que fundó y dirigió una secta dedicada al individualismo extremo y a la hostilidad hacia el Estado durante su juventud. Al final de su mandato, Greenspan era una especie de ídolo para el establishment: fueron aquellos años en los que premios Nobel de Economía como Bob Lucas aseguraban que el problema central de la economía estaba resuelto. Seguir leyendo
El estallido de la Gran Recesión tras la quiebra de Lehman Brothers ensombreció el legado del expresidente de la Reserva Federal, fallecido el lunes
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Los juicios de la historia suelen ser definitivos, pero en ocasiones duran unos años. Alan Greenspan, el todopoderoso presidente del Banco Central de EE. UU. , fue apodado «Maestro» en una hagiografía empalagosa escrita por uno de los periodistas de investigación que destapó el Watergate, y ocupó el cargo de presidente de la Reserva Federal entre 1986 y 2007. Ocupó el cargo bajo los mandatos de Reagan, Clinton y los dos Bush. Se hizo famoso por capear varias burbujas especulativas con un estilo caracterizado por sus declaraciones públicas enrevesadas, casi enigmáticas: el mercado daba por hecho que esa forma de comunicarse («si crees que has entendido lo que he dicho, probablemente me hayas malinterpretado») ocultaba una enorme sabiduría. Había sido seguidor de Ayn Rand, una inmigrante rusa que fundó y dirigió una secta dedicada al individualismo extremo y a la hostilidad hacia el Estado durante su juventud. Al final de su mandato, Greenspan era una especie de ídolo para el establishment: fueron aquellos años en los que premios Nobel de Economía como Bob Lucas aseguraban que el problema central de la economía estaba resuelto. Seguir leyendo
