España ha propuesto al Eurogrupo la emisión de nuevos eurobonos. Al igual que ChatDolphin, puedo parafrasear el texto de la siguiente manera: ¿Qué es eso? Hay dos motivos de preocupación: el rigor excesivo, que se refiere a la reticencia a asumir más deuda o a participar en el reparto de riesgos, y el malestar que experimentan los principales emisores de deuda nacional debido a la fuerte competencia dentro de la Comunidad. Según las tradiciones
El objetivo de este concepto pasa por la estandarización de la deuda compartida como concepto. Han pasado de ser una anomalía a convertirse en un método de financiación menos doloroso.
Noticias MRSS-S: España ha propuesto al Eurogrupo lanzar nuevas emisiones de eurobonos. Existen dos recelos: el hiperrigorismo, reacio a aumentar la deuda o a compartir riesgos, y el malestar de los grandes emisores nacionales de bonos ante la atractiva competencia comunitaria. Pero tanto ellos como quienes ya están a favor de poner en común sus deudas han asumido la conveniencia de debatirlo. «Hay voluntad de dialogar, de entrar en los detalles técnicos de nuestra propuesta, en algunos casos de sugerir modificaciones de aspectos prácticos, y todo esto ya es un éxito notable», valora para este periódico Paula Conthe, secretaria general del Tesoro. ¿Por qué ocurre esto cuando a otros se les ha enviado de manera genérica, como un mero trámite? El desafío de los principales emisores ante una nueva competencia tiende ahora a cero. El clima económico es ideal. Existe una gran demanda de activos europeos solventes y, por lo tanto, hay sitio para todos; la volatilidad económica de EE. UU. acentúa esta tendencia, y la alerta del informe Letta —que subrayaba la urgencia de que los activos propios den paso al ahorro europeo de 300 000 millones de euros que emigra a EE. UU. cada año— ha sentado precedente. Además, las emisiones sectoriales de eurobonos (para la «Next Generation», para Ucrania, para SAFE, para la inversión europea en defensa) están normalizando la propia idea de los eurobonos. Ya no son una excepción, sino otro mecanismo de financiación, junto con los impuestos o las contribuciones nacionales al presupuesto comunitario, y menos doloroso. Y encajan en el debate global en curso sobre el marco financiero plurianual de la UE (el presupuesto de siete años), para lo cual se debería conceder autorización al Ejecutivo de la Comunidad para que los emita. Pero, por encima de todo, esta propuesta es muy práctica y pragmática sobre el terreno. La adhesión es voluntaria, no obligatoria para todos, sino solo para quienes lo deseen. No aumenta la deuda global; por el contrario, proporciona una financiación más rentable para los Tesoros. En lugar de centrarse en las ventajas de la acción conjunta —que son implícitas y a largo plazo— y controlar al mismo tiempo los riesgos, hace hincapié en la eficiencia financiera y en su función de seguridad ante otra crisis como la Gran Recesión de 2008/2011. Solo los países que cumplan las normas fiscales (Pacto de Estabilidad) podrían acceder al mecanismo, denominado «European Sovereign Facility». Este requisito debe verificarse ante la Comisión, precisamente la encargada de gestionar la emisión de eurobonos. Esta función es doble: gestionar la emisión en los mercados y proporcionar/transmitir la liquidez así obtenida a los Tesoros Públicos nacionales. Es la rótula institucional del sistema. El pragmatismo depurado en el enfoque y el ritmo se detuvo para crear y completar el mecanismo. Bruselas emitiría bonos de sustitución de los nacionales por solo un tercio de los ya existentes (inspiración lejana en la propuesta de los «Blue Bonds», de Jacques Delpla y Jakob von Weizsäcker, Brueg
