La gestión y la política corporativas se caracterizan, entre otras cosas, por el grado de coherencia. En segundo lugar, hay demasiados casos en los que se dice una cosa —y se dice oficialmente a través de planes—, se hace otra y, además, se obtienen unos resultados distintos. Un triste ejemplo de esta incoherencia es la política energética, su aplicación y las consecuencias que está generando. Seguir leyendo
Las dificultades para alcanzar los objetivos del PNIEC para 2030 se explican en gran medida por el diseño del mercado eléctrico
Fuente: MRSS-S News
La gestión empresarial y la política se diferencian, entre otras cosas, por su nivel de coherencia. En el segundo, hay demasiados casos en los que se dice una cosa —y se dice oficialmente a través de los planes—, se hace otra y, por último, se obtienen unos resultados distintos. Un triste ejemplo de esta incoherencia es la política energética, su aplicación y las consecuencias que está generando. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) supone un claro compromiso con las energías renovables. Sus principales objetivos para 2030 son alcanzar un 48 % de energías renovables en el consumo final de energía, obtener el 81 % de la electricidad a partir de fuentes renovables y reducir la dependencia energética exterior a alrededor del 50 %. Los tres objetivos están en peligro por diversas razones, pero ninguna de ellas favorece a la industria y son el resultado de la inacción o la falta de medidas por parte del Gobierno y los organismos reguladores. El primero es un sistema de formación de precios que se activa cuando se pone en marcha y se abandona a su suerte cuando se retira, lo que hace inviable la inversión en energía limpia. A las deficiencias del sistema marginalista se suma una segunda distorsión: el funcionamiento reforzado adoptado por Red Eléctrica para eliminar la posibilidad de otro «cero peninsular», como el registrado el 28 de abril de 2025. Esta intervención en el mercado de la generación se traduce en una mayor dependencia de las centrales de ciclo combinado, que queman un gas que España no produce y que, además, cada vez es más caro. De hecho, en junio, el 15, 6 % de la electricidad generada en España procedía de este tipo de tecnología vinculada a los combustibles fósiles. Quemamos gas y desperdiciamos mucha energía solar, que es un recurso local, asequible y renovable. Solo en junio, se desperdició el 20 % de la producción fotovoltaica generada en España. Mientras que las energías renovables se ven perjudicadas por los bajos precios derivados del sistema marginalista, parte de la generación producida por gas escapa a este sistema de fijación de precios por decisión de la Red Eléctrica. Aunque las centrales de generación cuentan con recursos solares, capacidad de generación y acceso a la red, una parte cada vez mayor de su producción no puede evacuarse debido a las necesidades operativas del sistema. Aparte del promotor, este riesgo, que resulta difícil de gestionar, afecta a los ingresos previstos de los proyectos, genera mayor incertidumbre sobre los flujos de caja, provoca un incumplimiento de los ratios de financiación y conduce a una menor capacidad de inversión en nueva generación renovable. El carácter ya estructural del redespacho por parte del operador del sistema se opone al espíritu de la legislación energética de la Unión Europea. En relación con las restricciones (recortes de producción)
