Recemos un momento por ese momento increíble en la vida de Brian. Imagina a un líder político actual, encerrado en un bar, preguntando a su audiencia en tono vociferante: «Nos quitan nuestra soberanía, nos imponen normativas incomprensibles, ahogan nuestro sector con la burocracia de oficinas situadas a miles de millas de distancia. . . A cambio de todo eso, ¿qué han hecho por nosotros los burócratas de Bruselas? » Seguir leyendo
Cuestionar la aplicación de las políticas públicas es un ejercicio indispensable para la salud democrática, pero coquetear con el euroescepticismo y la ruptura institucional es un disparate económico.
Feed de noticias MRSS-S
Recordemos por un momento esa gloriosa escena de la vida de Brian. Imaginemos a un líder político actual, encerrado en un bar, preguntando a su audiencia en tono vociferante: «Nos quitan nuestra soberanía, nos imponen normativas incomprensibles, ahogan nuestro sector con la burocracia de oficinas situadas a miles de millas de distancia. . . A cambio de todo eso, ¿qué han hecho por nosotros los burócratas de Bruselas? ». Desde el fondo de la sala, alguien levanta tímidamente la mano y responde: «Bueno, nos han dado las carreteras». El líder le espeta al insolente: «Vale, sí, las carreteras. Eso es obvio. Pero, aparte de las autopistas, ¿qué más han hecho? ». Otra voz murmura: «¿El tren de alta velocidad? ». . «Las plantas depuradoras», añade un tercero. «El programa Erasmus», dice una joven acompañada de su pareja polaca. «Y las ayudas al campo», dice un hombre mayor apoyado en su bastón. «Vale, vale», dice el líder, que se está enfadando cada vez más. «Aparte de las autopistas, el AVE, el saneamiento del agua, la educación internacional y la salvación de la agricultura. . . ¿qué ha hecho la Unión Europea por nosotros? ». La breve respuesta, que deja sin palabras a los actuales miembros del Frente Popular Ibérico que hoy predican las bondades del aislacionismo, es abrumadora y sencilla. Está claro que Europa ha ayudado a financiar la transformación más reciente de España. Pero, como en cualquier artículo de análisis económico que se precie, las afirmaciones grandilocuentes requieren el respaldo de datos objetivos. Y las cifras, cuando se observan con la perspectiva adecuada de las últimas cuatro décadas, son sencillamente abrumadoras. Empecemos por el elefante en la habitación del debate antieuropeo, que no es otro que la agricultura. En los últimos tiempos se ha arraigado un discurso populista que presenta a la Unión Europea como la implacable verdugo del sector primario español. La realidad contable, sin embargo, nos dice que la Política Agrícola Común (PAC) ha sido la mayor inyección de oxígeno que jamás haya recibido la España rural. Desde nuestra adhesión en 1986, el sector agrícola español ha recibido aproximadamente 200 000 millones de euros de Bruselas. Estas cantidades no corresponden a una mera ayuda de subsistencia, sino a un apoyo financiero que ha contribuido a la reconversión tecnológica y a la viabilidad de decenas de miles de explotaciones agrícolas. Es cierto que se hicieron sacrificios, pero es cierto que toda mejora conduce a un camino lleno de víctimas. ¿La consecuencia? una economía de mercado española que nunca había dominado tantos mercados en cuanto a calidad y cantidad. Para ver un ejemplo, utiliza varios botones. En 1986, las exportaciones agroalimentarias de España apenas alcanzaban los 4 000 millones de euros. Hoy, sin embargo, han pulverizado todas las previsiones al superar los 78 000 millones de euros de facturación exterior. No hay datos comparables. Solo en el último año se registraron
