«Creemos que somos un país / y la verdad es que solo somos un paisaje», escribió Nicanor Parra en Chile, en uno de los poemas con los que se inauguró una voluminosa obra (1969), el primer volumen que recopilaba su poesía. Con una estrategia picassiana —esa de tomar elementos de aquí y de allá para mezclarlos y crear algo nuevo y muy personal—, el arquitecto Smiljan Radic (Santiago de Chile, 1965) tomó prestado el título de *Obra gruesa* para su propia antología, la gran monografía de su «Arquitectura ilustrada». Lejos de ser una galería de sus edificios, allí se encuentran los versos de Parra y Pessoa, los relatos de Borges y Wilde, los dibujos de Le Corbusier y las acuarelas de Radic (también pintadas), referencias a Joseph Beuys y Eduardo Chillida. Todo esto lo demuestra Ric, el último galardonado con el Premio Pritzker, el Nobel de la arquitectura, y una de las estrellas del Congreso Mundial de Arquitectura que se celebra esta semana en Barcelona.
El polo opuesto al famoso arquitecto es el último galardonado con el Premio Pritzker: solo cinco personas trabajan en su pequeño estudio, y Google Maps no muestra su domicilio.
«Creemos que somos un país / y la verdad es que solo somos un paisaje», escribió Nicanor Parra en Chile, en uno de los poemas con los que se inauguró una voluminosa obra (1969), el primer volumen que recopilaba su poesía. Con una estrategia picassiana —esa de tomar elementos de aquí y de allá para mezclarlos y crear algo nuevo y muy personal—, el arquitecto Smiljan Radic (Santiago de Chile, 1965) tomó prestado el título de *Obra gruesa* para su propia antología, la gran monografía de su «Arquitectura ilustrada». Lejos de ser una galería de sus edificios, allí se encuentran los versos de Parra y Pessoa, los relatos de Borges y Wilde, los dibujos de Le Corbusier y las acuarelas de Radic (también pintadas), referencias a Joseph Beuys y Eduardo Chillida. Todo esto lo demuestra Ric, el último galardonado con el Premio Pritzker, el Nobel de la arquitectura, y una de las estrellas del Congreso Mundial de Arquitectura que se celebra esta semana en Barcelona. Pero Radic es un Pritzker un tanto atípico. Tiene algo de poeta bohemio o de filósofo socrático, incluso de arqueólogo. Aparece en el congreso en el que se dan cita unos 10.000 arquitectos con sus sandalias de cuero, pantalones holgados y sus gafas redondas colgando de una cómoda camisa ancha. Impresiona su altura olímpica (tiene raíces eslavas: padre croata y madre británica) y, a los 61 años, sigue llevando el pelo largo. «El Pritzker supone un reconocimiento que se agradece con una cierta extrañeza también. Ya se ha dicho que es como una especie de tsunami que llega y después se va… Estoy esperando a que todo se quede tranquilo», sonríe.Una tranquilidad más que necesaria, porque su casa en Santiago de Chile es su estudio (por eso no aparece en Google Maps). O su estudio es su casa, que demolió hace unos años para proyectar el Edificio Pequeño Burgués, así tituló el proyecto, una especie de manifiesto no ya de arquitectura sino de vida. Diseñó una estructura de hormigón rígida, algo severa, pero desplegó en la azotea un jardín con higueras, nísperos, uva pastilla y hierbas aromáticas. En las cuatro plantas de ese edificio-bloque distribuyó su vivienda, su oficina y los archivos de la Fundación Arquitectura Frágil, que fundó en 2017 para promover la investigación de la arquitectura más experimental o, directamente, imposible: aquella que desdibuja los límites.Casa Pite, en Chile.EL MUNDO.»La verdad es que después del Pritzker se han desencallado los proyectos que tenía en pausa. También han llegado muchos nuevos, sí, pero en su mayoría no los puedo tomar porque mi oficina es muy pequeña, un equipo de cinco personas. Y así se va a quedar. No tengo ninguna necesidad de ampliarla», confiesa con naturalidad. Radic es la antítesis de un starchitect, esos arquitectos estrella que hicieron de su apellido una marca (toda gran ciudad tiene un Gehry, un Foster, un Nouvel), con oficinas multinacionales en las que trabajan decenas de profesionales.»Siempre y cuando se haga buena arquitectura, no tengo problema
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