No está claro si, hoy en día, la vulnerabilidad tiene mala prensa o si se ha convertido en un argumento tan recurrente y evidente que ya no es más que un bien de consumo. Si antes la invulnerabilidad era sinónimo de inmovilidad, ahora parece que es precisamente lo contrario lo que garantiza un lugar en la moda reservada. Quizá por esta razón, debido a la desconfianza que siempre acompaña a los eslóganes y argumentos demasiado repetidos, se aprecia una película como «Nino», de la directora debutante Pauline Loquès. La claridad sin imposiciones ni frases hechas, el rigor con el que se aborda con seguridad los gestos melodramáticos y la delicadísima interpretación de un actor como el canadiense Théodore Pellerin otorgan a la película el privilegio, elegante y siempre gratificante, de confesiones profundas, verdaderas, elegantes y apenas susurradas. ¿Cuál es el tema? Porque, de hecho, es la vulnerabilidad la que, tal y como nos mostramos, nos ayuda, nos define y, al fin y al cabo, nos hace más fuertes. Así de sencillo.
Pauline Loquès debuta con una crónica tensa, delicada y realista sobre un hombre que se enfrenta al vértigo del cáncer
No está claro si, hoy en día, la vulnerabilidad tiene mala prensa o si se ha convertido en un argumento tan recurrente y evidente que ya no es más que un bien de consumo. Si antes la invulnerabilidad era sinónimo de inmovilidad, ahora parece que es precisamente lo contrario lo que garantiza un lugar en la moda reservada. Quizá por esta razón, debido a la desconfianza que siempre acompaña a los eslóganes y argumentos demasiado repetidos, se aprecia una película como «Nino», de la directora debutante Pauline Loquès. La claridad sin imposiciones ni frases hechas, el rigor con el que se aborda con seguridad los gestos melodramáticos y la delicadísima interpretación de un actor como el canadiense Théodore Pellerin otorgan a la película el privilegio, elegante y siempre gratificante, de confesiones profundas, verdaderas, elegantes y apenas susurradas. ¿Cuál es el tema? Porque, de hecho, es la vulnerabilidad la que, tal y como nos mostramos, nos ayuda, nos define y, al fin y al cabo, nos hace más fuertes. Así de sencillo. . Nino, premiada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, cuenta la historia de Nino. Nada más. Un buen día este hombre acude al médico por sentir molestias en la garganta y el informe que recibe con la descripción de su dolencia deja pocas opciones al entusiasmo: cáncer. Como si fuera una variación de Cleo de 5 a 7, de Agnès Varda, en pocos días (que no en dos horas) deberá empezar el tratamiento, un tratamiento abrasivo, casi salvaje. Y mientras, se encuentra solo, solo con cada uno de sus miedos, solo rodeado de sus amigos, solo con la mujer a la que acaba de conocer y a la que no se atreve a confesar lo que le ocurre, solo porque ha perdido las llaves de su casa, solo acompañado de todas las dudas que le asaltan (si quiere ser padre en el futuro cuando sane, le aconsejan que congele su esperma), solo de pura soledad. Solo y, ya se ha dicho, vulnerable.. La película, plateada como una road-movie urbanita, se limita a seguir al protagonista durante todo lo que duran tres días desde el descubrimiento del abismo hasta el inicio del tratamiento. Nuestro protagonista va de acá para allá sin saber muy bien qué busca, si es que busca algo. La cámara flota entre los huecos de una existencia de repente demasiado grave, demasiado oscura, demasiado absurda. Y lo hace en silencio, en un silencio denso y transparente solo pendiente de lo no dicho, del otro lado de cada una de las palabras apenas pronunciadas. Brillante, sin duda. Sin dejarse arrastrar por manifiestos más o menos recurrentes y siempre lejos de cualquier amago de afectación o ampulosidad, Nino se acerca más a una especie de vuelo sin motor por todo aquello que compone la vida cuando, de repente, cobra consciencia de sí. Es, en efecto, la muerte, la posibilidad de ella, la que ejerce de faro.. Veníamos oyendo desde hace tiempo de la importancia de la vulnerabilidad y de su aceptación y aún no teníamos claro si se trataba de algo sustancial o de una moda más para vender libros de autoayuda. Nino demuestra que lo primero. Sin duda, una película tan bella como triste y completamente invulnerable en su radical vulnerabilidad. Tal cual.. —. Dirección: Pauline Loquès. Intérpretes: Théodore Pellerin, William Lebghil, Salomé Dewaels. Duración: 96 minutos. Nacionalidad: Francia.
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