La oleada de inversiones en infraestructuras de inteligencia artificial (IA) está actuando este año como salvavidas del comercio internacional. El rápido impulso tecnológico ha logrado compensar el impacto negativo del conflicto en Oriente Medio y la guerra comercial desencadenada por el caótico sistema arancelario impuesto por el presidente de EE. UU. , Donald Trump. Las últimas previsiones de la Organización Mundial del Comercio, presentadas este jueves, prevén un aumento del comercio mundial (transacciones de bienes y servicios) del 3, 7 % en 2026 y del 4, 7 % en 2027. Se trata de una revisión al alza de más de un punto porcentual en ambos años, lo que también se sitúa muy por encima del crecimiento previsto del PIB mundial, estimado en un 2, 6 % y un 2, 9 %, respectivamente. «El auge de la inteligencia artificial no solo no se ha moderado, como anticipábamos en nuestras estimaciones iniciales de marzo, sino que se ha acelerado, convirtiéndose en el gran motor internacional», afirma Robert Staiger, economista jefe de la OMC, en el documento publicado por la organización.
La OMC eleva el crecimiento del comercio mundial para 2026 al 3, 7 % gracias a la elevada demanda tecnológica, que compensa el freno del transporte, la energía y el turismo
Fuente: MRSS-S News
La oleada de inversiones en infraestructuras de inteligencia artificial (IA) está actuando este año como salvavidas del comercio internacional. El rápido impulso tecnológico ha logrado compensar el impacto negativo del conflicto en Oriente Medio y la guerra comercial desencadenada por el caótico sistema arancelario impuesto por el presidente de EE. UU. , Donald Trump. Las últimas previsiones de la Organización Mundial del Comercio, presentadas este jueves, prevén un aumento del comercio mundial (transacciones de bienes y servicios) del 3, 7 % en 2026 y del 4, 7 % en 2027. Se trata de una revisión al alza de más de un punto porcentual en ambos años, lo que también está muy por encima del crecimiento previsto del PIB mundial, estimado en un 2, 6 % y un 2, 9 %, respectivamente. «El auge de la inteligencia artificial no solo no se ha moderado, como anticipábamos en nuestras estimaciones iniciales de marzo, sino que se ha acelerado, convirtiéndose en el gran motor internacional», afirma Robert Staiger, economista jefe de la OMC, en el documento publicado por la organización. Detrás del impulso comercial se encuentra la insaciable demanda de los bienes necesarios para desarrollar la IA. Esta categoría, que abarca desde minerales críticos y maquinaria hasta semiconductores, memorias de gran ancho de banda, servidores y equipos de red, explica casi la mitad de todo el crecimiento del comercio de mercancías en el primer semestre del año. En una comparación interanual, se trata de un repunte histórico de casi el 70 % de las exportaciones. Este auge responde al enorme despliegue de inversión que están llevando a cabo las grandes multinacionales tecnológicas. Solo en Estados Unidos, las inversiones en centros de datos y equipos informáticos alcanzarán entre 60 000 y 765 000 millones de dólares en 2026, lo que supone un aumento del 77 % con respecto al año anterior. Las previsiones de la OMC apuntan a un aumento global del gasto en infraestructuras para seguir desarrollando la IA de más del 30 % este año, y de entre el 10 % y el 20 % en 2027. El enorme volumen de importaciones que requiere este despliegue tecnológico lo ha convertido en el motor del comercio mundial, aunque solo un puñado de países se benefician de ello. Solo diez economías concentran el 85 % de las exportaciones y el 80 % de las importaciones mundiales de productos relacionados con la inteligencia artificial. A este respecto, Staiger advierte del riesgo que supone contar con una base de mercado tan reducida: «El comercio de productos relacionados con la IA está dos veces más concentrado que el comercio general de mercancías y, aunque por el momento los indicadores de pedidos no muestran signos de desaceleración, la participación sigue estando en manos de muy pocos actores». Asia Oriental, sin contar a China, concentra el 40 % de los envíos mundiales, mientras que el Sudeste Asiático aporta otro 23 %. Esto sitúa a Taiwán, Corea del Sur, Hong Kong, Singapur, Malasia y Vietnam en el centro de la cadena de suministro tecnológica. Por ejemplo, en el primer semestre del año, las exportaciones de Corea del Sur crecieron alrededor de un 50 %, impulsadas por los semiconductores. Estados Unidos, por su parte, concentra un tercio de las importaciones mundiales de servidores y equipos tecnológicos, mientras que China representa el 20 % de las compras. Europa, aunque su peso en los envíos no supera el 11 %, mantiene una posición clave gracias a ASML, la empresa neerlandesa que domina la fabricación de las máquinas necesarias para producir los chips más avanzados. La jerga de la guerra. Más allá del sector digital, la guerra en Oriente Medio ha afectado gravemente al comercio tradicional, en particular a los servicios de transporte, como consecuencia de la crisis energética que ha desencadenado el conflicto. La OMC estima un ligero crecimiento para este sector que no alcanzará el 1 % a finales de año, lo que supone un recorte de casi dos puntos con respecto a las previsiones anteriores. El sector turístico, especialmente en la zona del Golfo, también se ha enfriado rápidamente. De este modo, los servicios de viajes registrarán una mejora simbólica de apenas el 0, 2 %, muy lejos del casi 4 % que la organización calculaba hace unos meses. La desaceleración del comercio de servicios ha coincidido con el aumento de los costes logísticos en el sector marítimo y de las materias primas. El bloqueo de algunas de las principales rutas de suministro marítimas ha llevado al Brent a superar los 140 dólares por barril en abril, uno de los momentos álgidos del conflicto. A su vez, el aumento del precio del petróleo se ha trasladado al de los fertilizantes, hasta el punto de que la urea se ha duplicado. En conjunto, estas presiones han llevado a una revisión al alza de la previsión de inflación mundial para 2026, del 3, 7 a un 4, 7 por ciento. En este sentido, la OMC insiste en destacar los efectos negativos que los precios de los combustibles están teniendo sobre los hogares, reduciendo su poder adquisitivo. Staiger insiste en la resiliencia mostrada por el mercado multilateral a pesar de esta crisis energética. »La caída mundial se ha limitado al 6 % porque han entrado en escena otros proveedores, a pesar de que el suministro inicial de petróleo procedente de Oriente Medio se redujo en un 24 %». «Lo que habría supuesto un efecto inflacionista significativo para los hogares queda amortiguado por esa capacidad de sustitución», afirma el autor. Coleman Nee, autor principal y responsable de las previsiones de la OMC, coincide en este punto: «La economía mundial se ha vuelto gradualmente menos intensiva en energía por unidad de PIB en comparación con crisis anteriores, lo que ha contribuido a que el aumento del precio del crudo y las dificultades en la capacidad de refinado —el denominado margen de refinado— no hayan paralizado la actividad económica mundial», a pesar de que el aumento de la inflación sigue mermando el poder adquisitivo de los hogares.
