La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha presentado oficialmente su candidatura a la dirección general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), donde ya figura inscrita junto a la de quien, por el momento, es su única rival: la actual directora general, la africana Gilbert F. Houngbo, quien anunció el pasado mes de abril que se presentará a la reelección. La presentación de la candidatura ha ido acompañada de un programa de acción, al que ha tenido acceso EL PAÍS, que Díaz quiere poner en práctica si resulta elegida el próximo mes de noviembre. Y como plato fuerte de ese plan, propone la negociación y aprobación de un decálogo de normas laborales básicas y universales que puedan aplicarse en todos los países de la organización, que cuenta con 187 Estados miembros. Seguir leyendo
La candidatura de la vicepresidenta, que se decidirá en noviembre, propone negociar normas básicas universales a partir del diálogo entre gobiernos, empresas y trabajadores
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La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha presentado formalmente su candidatura a la dirección general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), donde ya figura inscrita junto a la de quien es, por el momento, su única rival: la actual directora general, la africana Gilbert F. Houngbo, quien anunció el pasado mes de abril que se presentará a la reelección. Este registro de su candidatura ha ido acompañado de un programa de acción, al que ha tenido acceso EL PAÍS, que Díaz quiere poner en práctica si resulta elegida el próximo mes de noviembre. El componente clave de este programa de acción incluye otras medidas, como la apertura de la financiación de este organismo de la ONU dedicado al mundo del trabajo a nuevas fórmulas de aportaciones público-privadas. La negociación y aprobación de un decálogo de normas laborales básicas es de carácter universal y, por lo tanto, aplicable en todos los países. Según este programa, Díaz pretende desarrollar, a través del diálogo tripartito (entre gobiernos, empresarios y sindicatos), «un marco universal de derechos laborales». La vicepresidenta se ha referido a este catálogo como la Carta Global de los Derechos Laborales, y propone que adopte la forma de los convenios que este organismo suele establecer para regular diferentes aspectos de las condiciones de trabajo y que «permitiría sistematizar los grandes principios desarrollados por la OIT a lo largo de su historia (como la justicia social y el trabajo decente) y, al mismo tiempo, incorporar los nuevos retos del trabajo del siglo XXI». Además de esta iniciativa, la ministra de Trabajo, cuya candidatura ha sido propuesta por el Gobierno español, explica que su actuación al frente de la OIT se basará en tres pilares. El primero está directamente relacionado con su proyecto de elaborar una carta de derechos laborales básicos y universales, y consiste en «reforzar, sin descuidar la falta de presupuesto, la creación de normas internacionales del trabajo», que, según sostiene, «constituyen el ADN de la OIT y su principal ventaja comparativa en el sistema multilateral». Este pilar debe, añade, «concentrar los recursos necesarios para reforzar el sistema de control» de su cumplimiento. El segundo pilar se refiere a la cooperación con los actores del diálogo social tripartito para diseñar políticas públicas eficaces. Así, el programa de Díaz garantiza que la OIT «debe proporcionar herramientas prácticas para que el crecimiento económico se traduzca de manera efectiva en desarrollo social y equidad, y viceversa, con el fin de convertir a la OIT en un centro mundial de conocimiento». Por último, el tercer pilar consistirá en la puesta en marcha de programas de cooperación al desarrollo que constituyan «el brazo ejecutor sobre el terreno» de los dos pilares anteriores (el desarrollo de normas y el diseño de políticas públicas a partir del diálogo social). Además, el programa de Díaz garantiza que «el avance en la democratización de la organización es una tarea urgente», revitalizando, entre otras cosas, el propio diálogo social dentro de la OIT. «En el diálogo social no puede observarse un método de toma de decisiones lento e ineficaz, sino todo lo contrario», afirma. Para lograrlo, aboga por una mejor gobernanza mediante el aumento de la eficiencia de la organización, y afirma: «Se puede hacer mucho más sin aumentar los recursos». Buscar financiación. Sin embargo, entre los planes de Díaz para dirigir este organismo también se encuentra la mejora de sus finanzas. En concreto, pretende «emprender una búsqueda de contribuciones voluntarias». Apunta a las contribuciones de los gobiernos donantes tradicionales, las agencias de desarrollo y los bancos regionales de inversión y, como novedad, sugiere explorar nuevas formas de colaboración público-privada. Todo ello con el fin de «garantizar la sostenibilidad financiera del organismo, sin menoscabar su independencia». En resumen, Díaz reitera que la OIT atraviesa un período de crisis y, por lo tanto, «no es momento para el statu quo, sino para un giro estratégico de esta organización que, en opinión de la vicepresidenta española», debe pasar de la gestión del declive al liderazgo estratégico, con una mayor ambición transformadora. «El que ella defiende y que, tal y como ha reconocido el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha llevado a cabo desde el Ministerio de Trabajo. Ahora, tras el registro oficial de esta candidatura junto con su programa de acción, la ministra de Trabajo —que ya dimitió hace dos años para liderar su formación Sumar— seguirá formando parte del Gobierno a la espera del resultado de la decisión que tomará el Consejo de Administración de la OIT el 16 de noviembre. Este órgano está compuesto por 56 votos entre miembros gubernamentales de 28 países, así como por 14 representantes sindicales y otros 14 representantes empresariales. No obstante, la persona elegida para dirigir esta organización no asumirá el cargo hasta un año más tarde, en noviembre de 2027.
