Cuando se le preguntó sobre el costo de hacer público, Eduardo Serantes, director del programa Entorno pre Mercado de BME, lo compara con una primera comunión. Él explica: «La ceremonia sigue siendo la misma, pero se puede tener en casa con un bocadillo simple o optar por un hotel lujoso y gastar una fortuna en invitaciones». Para tomar esa decisión crucial, uno debe invertir mucho tiempo y recursos, pero parece que la recompensa a menudo no vale la pena. Entre 2022 y 2024, numerosas empresas retrasaron sus planes de hacerse públicas debido al aumento de las tasas de interés, los mercados inestables y la inestabilidad económica.
El coste del desembarque en el parquet varía en función de diversos factores, y suele situarse entre el 5% y el 7% de los fondos obtenidos por el procedimiento.
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Cuando las empresas preguntan a Eduardo Serantes, responsable del programa Entorno pre Mercado de BME, cuánto cuesta salir a Bolsa, hace el símil con una primera comunión: “El sacramento es el mismo, pero puedes celebrarla en casa con una merienda o irte a un hotel de lujo y gastarte un montón de dinero en las invitaciones”. Tomar esa importante decisión, en cualquier caso, requiere un enorme esfuerzo en tiempo y dinero, y a la vista está que a menudo no compensa: entre 2022 y 2024 muchas empresas aplazaron sus planes de cotización debido a la subida de tipos de interés, la volatilidad de los mercados y la incertidumbre económica.
El año pasado solo se produjeron tres salidas en el mercado principal español (Cirsa, HBX Group y Cox) junto a otras 14 incorporaciones en mercados en crecimiento (BME Growth y BME Scaleup), y este año la sequía continúa, con solo dos salidas destacadas (Digi y TSK). En Europa la sequía es igualmente persistente, ya que el conjunto de los parqués llevan años en mínimos. Pero las plataformas de negociación se están adaptando a los nuevos tiempos y están haciendo esfuerzos por atraer bajo su paraguas a más compañías apoyadas por la Unión Europea, que acaba de activar la llamada Listing Act, una regulación que reduce las trabas burocráticas para realizar ampliaciones de capital. La reacción es lógica, ya que los mercados regulados están sometidos a reglas estrictas de las instituciones (CNMV en España) para garantizar al inversor unas normas y una transparencia que, de otro modo, no conseguiría.
Por regla general, una salida a Bolsa puede abarcar un coste que se sitúa en la horquilla de entre un 5% y un 7% del capital que se quiere captar, según los expertos consultados. Pero sobre esta máxima hay mil y un matices, como por ejemplo, la salida mediante un listing directo en el que no se emiten nuevas acciones, que supone la forma más sencilla y barata de probar suerte en el mercado.
Existen varios grupos de costes que, como en la primera comunión, hay que tener en cuenta: el vestido del niño o la niña vendría a ser algo similar a la colocación de acciones (el dinero que se paga a un banco o intermediario para garantizar el éxito de la operación). Las invitaciones podrían equivaler a las tasas propias de los intermediarios (Iberclear como plataforma técnica o BME como operador en España) o las tasas públicas que se abonan a la CNMV, el regulador. Los habitualmente cuantiosos gastos jurídicos o de asesoramiento financiero junto a los de auditoría tendrían la categoría de un banquete, que puede añadir ceros si en el menú hay una langosta o, en el caso del parqué, si se contratan los servicios de alguna de las Big Four. Y una comunión no es nada sin una tarta, como tampoco lo es un toque de campana sin la correspondiente ceremonia ante los medios de comunicación, y ahí el dispendio también se hace notar.
Además, como en la ceremonia religiosa, puede haber regalos. Y qué regalos. Por poner un ejemplo reciente, el consejero delegado de HBX Group, Nicolás Huss, ganó 33,3 millones gracias a un bonus extraordinario de 32,7 millones por sacar a Bolsa la compañía. Además, algunos de esos bonus tienen un coste extra porque impactan en la liquidez de la compañía.
El tamaño importa mucho cuando se desglosan las partidas. No es lo mismo captar 1.000 millones que intentar conseguir 10. Proporcionalmente, de hecho, el coste de las cifras con muchos ceros suele ser ser menor. Después están los gastos o comisiones que pagan los inversores, como impuestos de timbre y otras tasas según la legislación, o las comisiones a los intermediarios que actúan de depositarios de las acciones.
El folleto de salida a Bolsa de Puig, por ejemplo, estimó un coste de la OPV de 69 millones sin IVA, de los cuales el 90% correspondían a las comisiones de aseguramiento. Cuando se trata de pymes las cantidades, obviamente, son mucho más reducidas. Áxel Serena, consejero delegado de Bytetravel, que se estrenó en BME Scaleup en 2024 y acaba de dar el salto al BME Growth, tiene en la cabeza lo que cuesta un proceso así para empresas como la suya, que primero tuvo que abonar la escritura notarial que transformó su sociedad limitada en sociedad anónima. “Contratar a un asesor registrado para realizar elDocumento Inicial de Acceso al Mercado (DIAM) está en la horquilla de 50.000 a 80.000 euros. Las cuentas auditadas, entre 20.000 y 40.000; las tasas de BME e Iberclear, entre 3.000 y 6.000 euros, dependiendo del tamaño de la compañía”. Añade que la entidad colocadora se lleva un porcentaje entre el 3% y el 6%, que se suman a las tasas anuales de BME, de entre 6.000 y 9.000 euros, y del asesor registrado que ayuda con las comunicaciones al mercado (entre 6.000 y 10.000).
Y aunque en mercados como el BME Scaleup no es preciso, es necesario contar con un proveedor de liquidez, que podría llevarse entre 12.000 y 15.000 euros. El procedimiento abreviado para pasar de un mercado a otro a Bytetravel le costó otros 25.000 euros. A la compañía Tree Technology, que debutó este año y capitaliza 14 millones, la operación le costó apenas 300.000 euros y los de la empresa gallega Redegal ascendieron a 721.485. Jorge Vázquez, su fundador y primer directivo, tiene en la cabeza otra cifra, engloba aquí todo el recorrido bursátil, desde su estreno en BME Scaleup (523.676) a, la incorporación posterior a BME Growth en noviembre de 2025 (otros 197.800). Para una firma como la suya, que tiene una facturación modesta, supone un esfuerzo gigantesco, pero Vázquez cree que “ha merecido la pena”, porque a muchos clientes les inspira más confianza contar con un proveedor supervisado que es transparente en su contabilidad. Cuestión de confianza.
