La Plaza del Dos de Mayo y su monumento, símbolo de resistencia popular y triunfo de la cultura local, es ahora el epicentro del barrio turistificado de Madrid por antonomasia. La foto de la pareja en pelotas saludando desde los hombros de las estatuas de Daoiz y Velarde en 1977 es símbolo de una libertad recién estrenada, pero también representa todo lo que el barrio no volverá a ser. Yo conocí la Malasaña de hace 20 años, todavía barata, llena de pisos compartidos, un bar para cada tribu, y sorpresas garantizadas a partir de las 10 de la noche cualquier día de la semana. Por aquel entonces parecía inimaginable que la personalidad de Madrid algún día se viese en peligro.
La foto de la pareja en pelotas saludando desde los hombros de las estatuas de Daoiz y Velarde en 1977 representa todo lo que el barrio no volverá a ser
La Plaza del Dos de Mayo y su monumento, símbolo de resistencia popular y triunfo de la cultura local, es ahora el epicentro del barrio turistificado de Madrid por antonomasia. La foto de la pareja en pelotas saludando desde los hombros de las estatuas de Daoiz y Velarde en 1977 es símbolo de una libertad recién estrenada, pero también representa todo lo que el barrio no volverá a ser. Yo conocí la Malasaña de hace 20 años, todavía barata, llena de pisos compartidos, un bar para cada tribu, y sorpresas garantizadas a partir de las 10 de la noche cualquier día de la semana. Por aquel entonces parecía inimaginable que la personalidad de Madrid algún día se viese en peligro.. Cuando un barrio se vuelve turístico su historia llega a su fin. Literalmente. El turismo congela las calles en el tiempo y las esteriliza. Se vuelven incapaces de generar modas, vanguardias, contracultura o mero folclore. Como mucho, lo inspira en el país del que proceden los visitantes, como bien saben los que conocen el cine alemán y su larguísima tradición de comedias picantonas que transcurren en Mallorca.. Resulta que los que se quejaban del ruido provocado por la Movida, las nuevas olas, los rockeros que nunca iban a morir, los indies, los modernos y eso que llegaron a llamar «la izquierda Malasaña» son los que ahora no le ponen un pero al silencio que brota de los pisos turísticos. Y los mismos que nos alertan de la ola inmigrante en las afueras son los que defienden el gran reemplazo en el centro. Los historiadores del futuro se van a hacer la picha un lío.. Como los cinéfilos del futuro cuando examinen las obras completas de Juan Cavestany. Su obra es tan extensa y ubicua que muchos sospecharán que bajo su nombre se esconde un colectivo. Ahora está disponible en Filmin su posible obra maestra, Madrid, Ext. Su bello tráiler podría llevarnos a pensar que es una apropiación castiza de Berlín, sinfonía de una ciudad, un espectáculo formal compuesto por retratos fragmentados del espacio urbano. Sería posible, porque el Colectivo Cavestany tiene tantas voces, tan distintas entre sí, que no cuesta imaginarlas dándose de hostias en un solar. Pero Madrid, Ext. es un manifiesto político. Lo sería aunque su estreno no coincidiese con este momento puntual en el que las calles de Madrid son objeto y escenario literales de una batalla entre los que quieren vivirla y los que defienden el derecho a meterla en un blíster.. Cavestany filma una ciudad que se está cayendo a cachos, los negocios familiares que algunos ya sólo toleran en las series de televisión, las fachadas y pasillos que imitarán las franquicias del futuro y los madrileños que todavía viven entre esos cascotes. Y la pregunta que subyace es: si la ciudad deja de ser para ellos, para quién va a ser.
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