Hace dos años, en octubre de este año, un hombre interrumpió un concierto de Thom Yorke en Melbourne y acusó al cantante de que Radiohead actuara en Israel en 2017 a pesar de las recomendaciones del BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones). Lo curioso es que, aquel día, el público se puso del lado del cantante y abucheó al activista. Un año después, las campañas del BDS ya habían tenido un impacto real en la temporada de conciertos española debido a las inversiones del fondo estadounidense KKR en el Sónar y el FIB, entre otros festivales. Y, por fin, ahora, a finales del verano de 2026, lo que parecía una forma de activismo excéntrico e impopular se ha situado en el centro de la vida pública. Ed Sheeran, Wim Wenders y Ewa Puszczyska (la productora de «Cold War») han sido blanco de la ira de los activistas este año. Más de 1 000 músicos han ordenado que su música no se escuche en plataformas de Israel. Y en España, durante la última semana y media, BDM y la Red de Solidaridad con Palestina han logrado dos éxitos: la cancelación del patrocinio de Allianz en el Festival de Ideas y la expulsión de la escritora argentina Ariana Harwicz del Festival Cultural-Alh de Granada.
La expulsión de Ariana Harwicz del Festival Cultural-Alh de Granada es un hecho inimaginable hace unos años: los activistas ya están celebrando el triunfo
Hace dos años, en octubre de este año, un hombre interrumpió un concierto de Thom Yorke en Melbourne y acusó al cantante de que Radiohead actuara en Israel en 2017 a pesar de las recomendaciones del BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones). Lo curioso es que, aquel día, el público se puso del lado del cantante y abucheó al activista. Un año después, las campañas del BDS ya habían tenido un impacto real en la temporada de conciertos española debido a las inversiones del fondo estadounidense KKR en el Sónar y el FIB, entre otros festivales. Y, por fin, ahora, a finales del verano de 2026, lo que parecía una forma de activismo excéntrico e impopular se ha situado en el centro de la vida pública. Ed Sheeran, Wim Wenders y Ewa Puszczyska (la productora de «Cold War») han sido blanco de la ira de los activistas este año. Más de 1 000 músicos han ordenado que su música no se escuche en plataformas de Israel. Y en España, durante la última semana y media, BDM y la Red de Solidaridad con Palestina han logrado dos éxitos: la cancelación del patrocinio de Allianz en el Festival de Ideas y la expulsión de la escritora argentina Ariana Harwicz del Festival Cultural-Alh de Granada. . El reproche hacia Allianz era preciso: la aseguradora es la principal compradora de deuda pública israelí desde que empezó la Guerra de Gaza. Con Harwicz, el caso es más complejo. La Universidad de Granada, organizadora de Cultur-Ahl, reprobó la cancelación pero no tomó medidas concretas. Las directoras del festival comunicaron que su decisión se basó en «peticiones de la Red Universitaria por Palestina de Granada, de distintos lectores y de uno de los clubes [de lectura] participantes». El lunes, siete participantes en el festival (seis mujeres y un poeta no binario) publicaron otro texto que expuso los argumentos de la cancelación: Ariana Harwicz «niega el genocidio» en Gaza, «injuria a quienes nos oponemos al proyecto de aniquilación» y «avala el exterminio». En su documento, las firmantes incluyeron como pruebas tres entrevistas de Harwicz en Letras Libres, Infobae y The New Yorker. Desde el entorno de la escritora animan a buscar en esos textos dónde «avala el exterminio» palestino.. En Gaza, el Ejército Israelí ha dejado 70.000 personas muertas y ha destruido el 70% de las viviendas. Su guerra ha sido descrita como genocidio por la ONU. No hay frases de Harwicz que celebren la brutalidad de la campaña. Tampoco censuras al Gobierno de Benjamin Netanyahu, a sus votantes ni a sus militares. La palabra genocidio sólo aparece como un concepto que otros usan (que usan erráticamente o con hipocresía, según Harwicz). En realidad, las críticas de la escritora se dirigen a las denuncias contra Israel en el debate entre escritores, académicos y artistas, no a las acciones políticas de los estados. Harwicz vincula esas actitudes con la tradición antisemita y, a veces, ironiza contra actitudes que considera gregarias, interesadas.. Algunas frases de Harwicz: «El caldo de antisemitismo que se venía cociendo a fuego lento entró en ebullición». «Hoy, el judío y el estado de Israel ocupan el lugar de parias». «Si te acusan de estar con la derecha y te acusan de racista es porque estás pensando bien». «La intimidación funciona así, es incluso boba. En tanto te despegas de un pensamiento masivo, mainstream, y piensas fuera del rebaño, lo más fácil para que te cancelen o te castiguen en redes sociales es decirte que eres de derecha». «Otra vez esta atracción fatal de los intelectuales por los asesinos. La izquierda vuelve a fascinarse con Hamás, Hezbolá, ISIS. Annie Ernaux manifestó su hostilidad absoluta por Israel, con un antisemitismo declarado; Virginie Despentes cayó en la erotización de los terroristas, incluso su virilización, ella que supuestamente está liberada del yugo del falo. Y después, Judith Butler, lesbiana, judía, odiándose a sí misma: es la elite estadounidense diciendo que hay que comprobar si las israelíes fueron violadas el siete de octubre».. Las palabras de Harwicz son relevantes porque exponen el nuevo marco de la discusión: la línea roja del boicot ya no está en los llamados delitos de odio. La línea roja está ya en cambiar la conversación de foco, en rehusar que los crímenes denunciados estén en el centro.. «No se puede ser neutral, igual que no se podía ser neutral ante el nazismo ni el Apartheid», dice el periodista y director de Carne cruda Javier Gallego, uno de los ponentes en el Festival de las Ideas que se plantaron contra Allianz. En 20 minutos de conversación, Gallego repite varias veces la misma idea: «No existe la neutralidad [respecto a Gaza]». «Blanquear es ser cómplice». «La libertad de expresión no puede estar por encima del derecho a la vida». «Harwicz blanquea de una manera sofisticada pero evidente el genocidio». «La neutralidad es complicidad». «No invitaríais a un nazi en 1939».. «Entiendo las dudas en el caso de Harwicz, entiendo que alguien diga que quiere debatir con ella», continúa Gallego. «Yo podría sentir esa tentación. Y nadie ha animado a no leer sus libros» [el manifiesto de las escritoras del Cultur-Ahl elogia las novelas de la autora en su segundo párrafo]. Gallego también considera que la autora no ha sido silenciada porque tiene «muchísimos altavoces, una editorial estupenda y mil entrevistas», en las que juega «la carta del victimismo sionista». Además, explica que las acciones en las que él participado, la de Allianz, por ejemplo, fueron analizadas y debatidas hasta que cupieron en su texto 30 personas con opiniones diversas.. «Dejamos pasar muchas invitaciones a hacer denuncias que recibimos porque somos prudentes y no podemos equivocarnos», dice Ibán Vázquez, del grupo BDS Madrid. «Nos dicen: ‘Viene una bailarina israelí que ha colaborado con el Gobierno, estad atentos’. Bueno, si no lo tenemos claro, no actuamos. En el caso de Allianz, teníamos certeza a través del Informe de Francesca Albanese para la ONU» [«Rechazamos firmemente las acusaciones vertidas contra nuestra compañía y respaldamos nuestras prácticas empresariales responsables», fue la respuesta de Allianz].. -¿Son ustedes muchos?. -25 personas en Madrid.. -¿Eso es mucho más que antes de la Guerra de Gaza?. -Somos un grupo pequeño de voluntarios. La gente viene y va. En la pandemia, el grupo quedó en mínimos. Después ha crecido.. 25 personas no parecen tantas para la relevancia que el grupo ha alcanzado en el debate público, ¿no? «A Allianz no la señalamos por vender seguros en Israel sino por financiar la guerra de Netanyahu», dice Vázquez. «A los artistas no los denunciamos por ser israelíes, los denunciamos cuando se han vinculado a la política del Estado». BDS es una parte del movimiento de solidaridad con Palestina que en Granada actuó a través de la Red Universitaria por Palestina. El conjunto es más informal y fragmentario que orgánico. Está basado en el trabajo de voluntarios y tiene a su favor el respaldo judicial que recibió del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos.. «En Europa, hubo una sentencia que cambió el marco el 11 de julio de 2020», explica desde Santiago de Chile Nadia Silhi Chahin, doctora en Derecho y autora del estudio El boicot como herramienta jurídicamente legítima frente a las graves violaciones al derecho internacional en Palestina (Universidad de Edimburgo). «El caso se llamaba Baldassi y otros contra Francia y era una apelación contra una sentencia contra activistas de BDS. Francia estaba aplicando una ley de 1881 que contemplaba como tipo penal la incitación a la discriminación económica por motivos de nacionalidad o raza. En 2010, el Gobierno de Sarkozy dio la directriz de emplear esa ley contra BDS».. Cuando el tribunal consideró que la acción de los activistas era «un discurso legítimo y una expresión de libertad política», según Silhi Chahin, su trabajo salió de la semiclandestinidad. «En España, unos activistas estaban procesados por el caso del Festival Rototom, siguiendo el artículo contra el odio antisemita del Código Penal. la causa fue sobreseída en el acto. Quedan zonas de incertidumbre y resquicios por los que actúan los estados y particulares partidarios de Israel. En España hubo un grupo, ACOM, que puso miles de denuncias».. Si Ariana Harwicz denunciara al festival por su decisión, ¿lo tendría fácil? ¿Podría ampliar ampliar su denuncia hacia la red de apoyo a Palestina que instigó la cancelación? Diego Miñarro, jurista, sostiene que no. «La jurisprudencia europea es clara al respecto. La sentencia del caso Baldassi dictaminó que un llamamiento al boicot es legítimo y acorde con el derecho a la libertad de expresión. Sobre todo si se hace por motivos políticos, y no identitarios o discriminatorios. Además, recientemente se han iniciado diligencias de investigación contra sujetos que han actuado de manera similar a Harwicz como Pilar Rahola. No sólo no es perjudicada, sino que las expresiones vertidas podrían encajar dentro del tipo penal del artículo 510 del Código Penal por negación del genocidio palestino. Una cosa es que Harwicz se sienta ofendida, y otra que haya delito».. Miñarro aclara que no tiene ningún vínculo, formal o no, con la Red Pro Palestina. «Pero no soy imparcial».. Las expresiones vertidas por Harwicz podrían encajar dentro del tipo penal del artículo 510 del Código Penal por negación del genocidio palestino. Una cosa es que Harwicz se sienta ofendida y otra que haya delito. Diego Miñarro, jurista. El boicot como herramienta política tiene otros riesgos. Riesgos morales que la misma Harwicz ha apuntado a menudo: «Este discurso es muy redituable [rentable] a través de festivales, premios y publicaciones. Por eso, nadie se queja», dijo el domingo en ELMUNDO… A veces, los manifiestos colectivos son juegos de la silla en los que nadie quiere quedarse sin su sitio.. Además, hay contradicciones inevitables. Sabina Urraca, Lina Meruane y Gabriela Wiener, firmantes contra Harwicz, publican sus libros en un grupo editorial que da positivo en los análisis de colaboración con Israel, igual que la distribuidora de El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen, significado ante Allianz. ¿Y no pasamos rodos pasamos por un Carrefour de vez en cuando?. Los errores de cálculo y los blancos equivocados también existen. «El primer boicot que vi a un israelí fue a un especialista en pedagogía de la primera infancia que vino a la Autónoma dar la sesión más técnica que se pueda imaginar. Además, estaba haciendo el esfuerzo de venir entre sesión de quimioterapia y sesión de quimioterapia. Fue tremendo», cuenta Pablo de Lora, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. De Lora, se refiere a Haim Eshach, que se volvió a casa sin dar su clase en 2016.. «Y antes, recuerdo del boicot que le hicieron a Jordi Pujol y a Felipe González en 1995. González se fue. Pujol se encontró con un tío que gritaba ¡región! cada vez que decía la palabra nación. Le dio igual. En esa época, el boicot era una cosa que hacían los fachas, Entiéndame, fachas somos todos ahora. En 1995, fachas eran unas personas concretas. En la Autónoma eran unos señores de Derecho, de grupo llamado Dispar. Luego, cuando nació Podemos, hubo otro boicot a Pascal Lamy, que era director de la Organización Mundial del Comercio. Yo le decía a mis alumnos: esperad al turno de preguntas y, en ese momento, sed todo lo duros que creáis. Y si no os dan la palabra, protestad y montadla, pero sólo entonces. Lo que me encontré es que unos bobos gritaron cosas de Jarrai, ‘esta noche/mira bajo el coche’. Escuchar eso en la universidad de Paco Tomás y Valiente me sentó mal».. El testimonio de De Lora es relevante porque él mismo fue expulsado de una clase. Ocurrió en la Pompeu Fabra de Barcelona, en un seminario académico sobre género, en 2019. Cuando tomó la palabra, varias activistas lo interrumpieron y repartieron octavillas en las que se leía: «Pablo de Lora, fuera el machismo de la universidad» y «Pablo de Lora: transfóbico y machista», «#MeToo» y «#Translivesmatter».. Juana Gallego, profesora titular de Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), pasó por el mismo trago en 2022. Las alumnas del máster de Género y Comunicación que fundó vetaron su trabajo por sus críticas publicadas en prensa a la Ley Trans. «Antes de las redes, estos boicots eran inimaginables. Pero salieron del nicho y se extendieron. Son campañas contra personas, necesariamente dirigidas a personas. Son breves, a menudo, pero tienen un efecto a largo plazo: todos pensamos ‘cuidado con lo que digo en adelante’. Funcionan porque la gente está en una búsqueda angustiosa de buenos y malos para posicionarse sin fisuras. Hay que posicionarse deprisa para que no te conviertan en paria».. Son campañas contra personas, necesariamente dirigidas a personas. Son breves, a menudo, pero tienen un efecto a largo plazo: todos pensamos ‘cuidado con lo que digo en adelante’. Juana Gallego, profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona. «Yo escribía en Público. Publiqué un texto titulado Ya no soy feminista, que era un título obviamente irónico. La respuesta fue increíble. Me escribían actores famosos para reñirme. Nadie entró en las ideas del texto. Mis alumnas me plantaron, pero a los dos días, unas pocas volvieron. Siempre hay gente que decide poner distancia», dice Gallego.. «En mi caso, dos meses antes del boicot empezaron a aparecer mensajes en mi contra en Twitter [hoy X], animados por un usuario anónimo», cuenta De Lora. «Luego vi que se sumó una profesora que participaba en el seminario. No la conocía pero me quedé perpelejo. Cuando llegué a Barcelona, los amigos me avisaron: hay una petición a la comisión de igualdad de la Pompeu. Bueno: era un seminario académico, no un acto público. No veía venir lo que ocurrió». ¿Lo pasó mal? «Me sentí decepcionado y lo pasé mal por algunas personas queridas. Pero no fue para tanto, lo mío no fue lo de Ovejero, Savater o Pagaza. Fue un mal rato».. ¿Qué reflexión le queda? «Yo le diría lo que John Stuart Mill: no temamos al bullshit, no temamos a la porquería intelectual. Puede que sus portadores tengan razón y, en ese caso, haremos bien en escuharlos. Y si, efectivamente, lo que dicen es una porquería, será fácil rebatirlos».
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