España se ha consolidado como una de las economías más dinámicas de la zona del euro en los últimos años, manteniendo un crecimiento superior al de sus vecinos a pesar de la incertidumbre que reina en el mundo. Mientras que la región ha oscilado entre el estancamiento y una débil demanda exterior, la economía española creció un 2, 8 % en 2025, el doble de la media de la zona del euro (1, 4 %), y ha mantenido un avance trimestral medio del 0, 8 % en los últimos dos años, frente al 0, 3 % de sus vecinos. Este comportamiento excepcional se debe en gran medida a los flujos migratorios, que han sido el motor del crecimiento, el empleo y el consumo. Entre 2018 y 2025, el producto interior bruto (PIB) aumentó un 12, 3 % en términos reales, de los cuales casi tres cuartas partes (9, 1 puntos porcentuales) son atribuibles a la contribución de la población extranjera, frente a solo 3, 2 puntos aportados por la población nacida en territorio nacional. Esta es una de las conclusiones del informe titulado «El crecimiento demográfico en España como factor explicativo del ciclo económico actual», presentado este jueves por el Instituto de Estudios Económicos (IEE), un centro de análisis vinculado a la CEOE. Seguir leyendo
El Instituto de Estudios Económicos rebaja la previsión del PIB al 2, 1 % para este año debido a las tensiones en Oriente Medio
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España se ha consolidado en los últimos años como una de las economías más dinámicas de la zona del euro, manteniendo un crecimiento superior al de sus vecinos a pesar de la incertidumbre global. La economía española creció un 2, 8 % en 2025, lo que duplica la media de la zona del euro (1, 4 %), y ha mantenido un avance trimestral medio del 0, 8 % en los últimos dos años, frente al 0, 3 % de sus vecinos. Sin embargo, la región ha oscilado entre el estancamiento y una débil demanda exterior. Este comportamiento excepcional se debe en gran medida a los flujos migratorios, que han sido el motor del crecimiento, el empleo y el consumo. Entre 2018 y 2025, el producto interior bruto (PIB) aumentó un 12, 3 % en términos reales, de los cuales casi tres cuartas partes (9, 1 puntos porcentuales) son atribuibles a la contribución de la población extranjera, frente a solo 3, 2 puntos aportados por la población nacida en territorio nacional. Esta es una de las conclusiones del informe titulado «El crecimiento demográfico en España como factor explicativo del ciclo económico actual», presentado este jueves por el Instituto de Estudios Económicos (IEE), un centro de análisis vinculado a la CEOE. Los expertos subrayan que, ante el invierno demográfico al que se enfrenta el país, la inmigración constituye la base de la actividad económica. La población nacida en España disminuyó un 1, 9 % entre 2018 y 2025, mientras que el número de residentes nacidos en el extranjero aumentó un 52 %, hasta alcanzar los 9, 9 millones de personas. Sin esta aportación migratoria, que compensó por completo la pérdida vegetativa de la población autóctona, España habría registrado descensos demográficos y una capacidad mucho menor para expandir el PIB. De ahí que el factor demográfico por sí solo explique el 43 % del crecimiento acumulado en el último ciclo económico. El mercado laboral es un buen ejemplo de cómo se describe mejor la dependencia. De los dos millones de personas que se incorporaron a la población activa (es decir, las personas en edad de trabajar y con voluntad de hacerlo, tanto ocupadas como desempleadas) entre 2018 y 2025, casi todas (el 97 %) son extranjeras o tienen doble nacionalidad, mientras que la población activa española se mantuvo estancada en torno a los 19, 3 millones. Se trata de un saldo neto, descontando a las personas que abandonan el mercado laboral (esencialmente por jubilación) y que son, en su gran mayoría, españolas de nacimiento. La contribución positiva de la inmigración se basa en un perfil muy específico: ocho de cada diez inmigrantes en edad de trabajar (16-64 años), frente a seis de cada diez nacionales. Como resultado, la población inmigrante ha cubierto casi dos tercios del empleo creado desde 2018, elevando su peso sobre el número total de personas empleadas al 21, 3 %. Más allá del mercado laboral, la inmigración también es un pilar de la demanda interna y el consumo. El informe del EEI señala que, mientras que el gasto interno de los hogares apenas aumentó un 1 % entre 2018 y 2025, el consumo de los hogares de origen extranjero fue del 66 %. Una vez más, su contribución explica casi todo el crecimiento del consumo final de las familias en este periodo, inyectando dinamismo ante la caída de la demanda externa. De cara a 2026, la contribución de la población extranjera volverá a ser decisiva en un contexto marcado por la desaceleración económica mundial y las tensiones derivadas del conflicto en Oriente Medio. Con el bloqueo del estrecho de Ormuz, que ha provocado un aumento de los precios de la energía y ha lastrado el sector exterior, las previsiones de crecimiento para España se han revisado a la baja: un 2, 1 % en 2026 y un 1, 8 % en 2027. La inflación se situaría en torno al 3, 2 % y se moderaría hasta el 2, 7 % el año que viene. En este escenario menos dinámico, se espera que la población extranjera sea la que impulse la economía. Aunque el EEI ha advertido de que la cifra exacta para este año es difícil de estimar —al disponer, por el momento, únicamente de los datos laborales del primer trimestre y al encontrarse el país en pleno proceso de regularización extraordinaria—, sus expertos parten de la hipótesis de que la contribución de este colectivo al PIB será similar a la registrada entre 2018 y 2025. Esto significaría que, una vez más, alrededor de tres cuartas partes del crecimiento económico se explicarían por el impulso demográfico y laboral de la población extranjera. A pesar de la contribución de la inmigración a la economía, los expertos advierten de que el futuro no puede depender exclusivamente del crecimiento demográfico. El país sigue a la zaga en cuanto a la tasa de productividad por ocupación, que cayó un 0, 1 % en el primer trimestre de 2026, lo que supone la cuarta caída consecutiva. En su opinión, también es necesario promover la inversión y la innovación para mejorar la productividad y crear puestos de trabajo de mayor valor añadido. Además, el país se enfrenta a un cuello de botella en el mercado de la vivienda. El rápido aumento de la población ha provocado que la formación neta de nuevos hogares alcance las 230 000 unidades en 2025, mientras que la construcción de nuevas viviendas sigue estancada en torno a las 80 000 viviendas al año. Esta disparidad se ha reflejado tanto en los precios de alquiler como en los de venta, ya que requiere la creación de casi tres hogares por cada vivienda terminada. Y aunque la demanda interna ha crecido un 30 % desde 2018, la población extranjera ya representa el 17 % de las transacciones inmobiliarias, lo que agrava el problema de la insuficiencia de la oferta.
