Vale, aquí va la versión parafraseada: ¿Qué es esto? Es cierto, hay que aceptarlo: mi piel no mostrará las huellas del sudor provocado por un fuerte chaparrón.
Aunque los medios de comunicación están repletos de información superficial y trivial, los entendidos ven la menopausia como una rareza, una fase de transición, una broma o detalles insignificantes relacionados con la salud de la mujer.
Ya está, admitámoslo: mi piel ya no reflejará el sudor de un torrezno.
La menopausia ha llegado para quedarse, y no puedo pedir cuentas al cielo, que no conoce la bondad ni la justicia divina. Porque, si existiera, confirmaría que el patriarcado actúa más allá de los límites, enviándonos este torbellino hormonal. Solo una fuerza machirula cometería tal atrocidad. Hasta que la menopausia sea completamente erradicada, seguiré pensando que Dios tiene barba y es hincha del Real Madrid.
La menopausia es la prueba material de esa cosa terrible ante la que apenas uno puede detenerse, en el flujo natural de los días, que se cuelgan entre los dedos. Es la finitud del cuerpo que se acaba, aunque antes nunca lo pareciera. Es una «petite mort», pero muy vergonzosa, en lo que todos están de acuerdo, que precede a la definitiva y te recuerda, ante el espejo y frente a ti misma, que definitivamente eres vieja. Puedes contar historias junto a la chimenea, si hay alguien sentado a escucharte. Mírate.
La menopausia también se ha convertido en un hashtag, una etiqueta, una tendencia, un albornoz lleno de consejos y murciélagos que cuelgan de las redes para exprimir mi cerebro podrido e insomne: proteínas para evitar la pérdida muscular, magnesio para las articulaciones, lubricantes que no atrofian tu intimidad. Con los estrógenos esparcidos por el suelo, tengo que tragarme, además, a las fabulosas actrices de Hollywood que me venden sus bicicletas; incluso Naomi Watts se ha convertido en una musa del clima.
Me frustra este inmenso aluvión de atención mediática, tan superficial y frívola. Y, sin embargo, la menopausia sigue siendo percibida y, sobre todo, TRATADA por quienes importan como una peculiaridad, un limbo, un meme, una minucia histérica, una transición, unos cuantos «sofitos» de nada, unos cuantos suplementos, unos cuantos pasos fuera de control, cuando, en realidad, se trata de un proceso fisiológico y de salud SERIO que afectará a TODAS las mujeres en algún momento de su vida, sin posibilidad de revocación.
No nos limitamos a plantear el tema como una cuestión de suministro crónico de sprays de estradiol; en cambio, abordamos un descuido generalizado y persistente. El problema va mucho más allá. No existe una red uniforme de asistencia en salud pública que coordine a los distintos especialistas y aborde el problema en todas sus dimensiones: huesos, músculos, cabeza, estado de ánimo, corazón y una tristeza interminable.
Mil serpientes que rodean tu cuerpo cansado.
¿Cuándo decís que acampemos en Sol, amigos?
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