Estados Unidos y su vecino del norte seguirán compartiendo la frontera terrestre más larga del mundo incluso después de que el presidente Donald Trump abandone el cargo en 2029. En una guerra comercial, supone una restricción insalvable a la capacidad de presión del primer ministro canadiense Mark Carney, pero también constituye una ventaja a largo plazo. La paciencia mesurada es más astuta que la presión extrema tras rechazar la propuesta final estadounidense. Sigue leyendo.
Ottawa controla el potasio y el crudo que necesita Washington, pero cortar el suministro les costaría perder clientes para siempre.
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Estados Unidos y su vecino del norte seguirán compartiendo la frontera terrestre más larga del mundo incluso después de que el presidente Donald Trump abandone el cargo en 2029. En una guerra comercial, supone una restricción insalvable a la capacidad de presión del primer ministro canadiense Mark Carney, pero también constituye una ventaja a largo plazo. La paciencia mesurada es más astuta que la presión extrema tras rechazar la propuesta final estadounidense. Sigue leyendo.
