La idea de los ingresos pasivos lleva décadas alimentando la imaginación financiera de los pequeños ahorradores e inversores. En un contexto marcado por la inflación y la incertidumbre económica, vuelve a crecer el interés por las estrategias de mercado que buscan invertir en empresas que reparten dividendos para generar ingresos recurrentes. Pero, ¿cuánto dinero se necesita para obtener un salario extra de unos 500 euros al mes? Seguir leyendo
La búsqueda de ingresos adicionales a la nómina impulsa el interés por carteras con alta rentabilidad para el accionista
Fuente: MRSS-S News
La idea de los ingresos para vivir lleva décadas alimentando la imaginación financiera de los pequeños ahorradores e inversores. En un contexto marcado por la inflación y la incertidumbre económica, vuelve a crecer el interés por las estrategias de mercado que buscan invertir en empresas que reparten dividendos para generar ingresos recurrentes. Pero, ¿cuánto dinero se necesita para obtener un salario extra de unos 500 euros al mes? No hay una respuesta única, ya que depende de los ahorros de cada uno y del riesgo que esté dispuesto a asumir. Según la teoría, suponiendo que un fondo de inversión o una acción ofrezca una rentabilidad del 3 %, sería necesario invertir 200 000 euros para recibir esos 500 euros al mes. No obstante, se trata de un ejercicio teórico. Hay que tener en cuenta que no todas las empresas y fondos reparten dividendos cada mes y que el dividendo que pagan puede ser variable. Si la rentabilidad por dividendo es del 4 %, sería necesario invertir 150 000 euros y, si es del 5 %, se necesitarían 120 000 euros. Para poner un ejemplo más realista, imaginemos a un ahorrador de 30 años que empieza a invertir con 10 000 euros y aporta otros 300 euros al mes a su cartera. Si consigue una rentabilidad media anual del 6 % (sería necesario invertir en productos con un poco más de riesgo para obtener esa rentabilidad, como fondos indexados al S&P 500 o al MSCI World), alcanzaría los 200 000 euros a los 53 años. En ese tiempo habría aportado unos 90 000 euros y el resto se habría generado gracias a la revalorización de los activos. Al invertir esos 200 000 euros, podría aspirar a obtener unos beneficios de 6 000 euros al año en forma de dividendos, lo que equivale a 500 euros al mes. Una cartera de dividendos busca generar ingresos adicionales de forma recurrente a través de los pagos que realizan las empresas que cotizan en bolsa y los fondos de inversión o ETF (fondos cotizados) a sus inversores. A diferencia de otras estrategias centradas en el crecimiento del valor de las acciones, el objetivo aquí no es solo que la inversión aumente de valor con el tiempo, sino también recibir pagos recurrentes que puedan complementar los salarios y las pensiones. Aunque el concepto parece atractivo, la realidad es que la mayoría de los ahorradores no pueden dejar sus trabajos para dedicarse a invertir y vivir de los ingresos. Pero pueden obtener un complemento adicional que aumente sus ingresos mensuales. «Las estrategias de dividendos atraen a una amplia gama de inversores. Entre ellos se incluyen inversores que desean recibir una fuente de ingresos fiable que pueda crecer con el tiempo, por ejemplo, los jubilados, y también atraen a inversores que no tienen una necesidad específica de ingresos, pero que buscan una exposición más defensiva a los mercados bursátiles mundiales, con mayor resistencia en momentos de caída de los mercados y rentabilidades ajustadas al riesgo atractivas en general», explica Tristan Purcell, gestor del Fidelity Global Dividend Fund de Fidelity. Hay empresas que cada año recompensan a sus accionistas con jugosos dividendos. En Estados Unidos existe incluso una lista muy seguida, denominada «los aristócratas del dividendo», que incluye a empresas que han aumentado el dividendo cada ejercicio sin excepción durante al menos 25 años. Esta lista incluye valores como McDonald’s, Johnson & Johnson o PepsiCo. En Europa no existe una lista de «aristócratas del dividendo» con los mismos requisitos, pero hay empresas con un historial de repartos prolongados que podrían ser comparables, como Allianz, Generali, Enel, EDP, Iberdrola, Endesa, Deutsche Telekom, KNP, Nestlé o Roche. A modo de ejemplo, Ramón Alfonso detalla el caso de Iberdrola. «La inversión en Iberdrola en los últimos diez años ha dado lugar a un aumento de la rentabilidad del 12, 8 % anual. Además, en el mismo periodo ha mantenido una rentabilidad por dividendo estable, en torno al 3, 5 % anual. «Con ello obtenemos un dividendo destacado de una empresa que mantiene una política de reparto estable a lo largo del tiempo, y además conseguimos un crecimiento del patrimonio al invertir en una empresa que demuestra una sólida capacidad de crecimiento», afirma. Para quienes no quieran depender de la evolución de unas pocas empresas, también existen fondos de inversión especializados en el reparto de dividendos, que permiten una mayor diversificación (invierten en cientos o miles de empresas que destacan por sus dividendos). Entre los ejemplos se encuentran el ETF Amundi S&P Eurozone Dividend Aristocrats o el SPDR S&P Euro Dividend Aristocrats, que tienen como objetivo invertir en empresas grandes y sólidas y se caracterizan por repartir elevados dividendos entre los inversores. La propia Fidelity comercializa varios fondos, como el Fidelity Funds Global Dividend Fund, el Fidelity Global Dividend Plus Fund, el Fidelity European Dividend Fund o el Fidelity Global Income Fund. Quienes siguen esta tendencia de invertir en empresas con altos dividendos señalan que las empresas que aumentan el pago a los accionistas cada año son más estables, tienen negocios predecibles y resisten mejor los ciclos de crisis. Aunque, en general, es cierto que muchas de estas empresas cumplen estas cualidades, un dividendo elevado no siempre es indicativo de solidez económica. A veces, una elevada rentabilidad por dividendo oculta problemas financieros y caídas bruscas en el mercado bursátil. De hecho, durante los días de alta volatilidad provocados por la guerra en Oriente Medio este año, los fondos basados en estrategias de dividendos se han visto especialmente afectados. Y en otras ocasiones, los dividendos generosos pueden llegar a entrar en conflicto con la sostenibilidad financiera de una empresa, lo que la penaliza en bolsa. «Este tipo de estrategia de dividendos suele tener sentido, especialmente para perfiles de inversores que valoran la generación de ingresos recurrentes y una menor dependencia de la venta de activos para obtener liquidez. También puede resultar interesante para inversores jóvenes con un horizonte temporal amplio, ya que la reinversión sistemática de los dividendos permite aprovechar el efecto del interés compuesto durante décadas», afirma Ramón Alfonso, socio de la asesoría financiera Norz Patrimonia. Cabe señalar que, como todas las inversiones, conlleva sus riesgos. Por un lado, los dividendos no están garantizados. Las empresas pueden reducirlos o suspenderlos. En general, una cartera diversificada compuesta por empresas de calidad suele ofrecer un comportamiento estable a largo plazo y, aunque los pagos no siempre son mensuales, los ingresos que se pueden obtener al final del año pueden ser bastante predecibles. Sin embargo, en épocas de turbulencias económicas, una empresa puede optar por suspender el dividendo para preservar el capital. La pandemia de 2020 fue un claro ejemplo de cómo muchas empresas paralizaron los pagos a los accionistas, especialmente los bancos. Por otro lado, en términos de rentabilidad, hay que evitar la idea de que cuanto mayor sea el dividendo, mejor será la inversión. Una rentabilidad demasiado elevada puede ocultar problemas financieros, una caída del precio de la acción o modelos de negocio insostenibles. Según los expertos, una rentabilidad razonable y a largo plazo por dividendo suele situarse entre el 3 % y el 5 % al año. Y aquí está una de las razones por las que es necesario invertir grandes volúmenes si se quiere conseguir una rentabilidad extra jugosa: al ser la rentabilidad baja, hay que invertir más capital. . Otro riesgo es la concentración sectorial excesiva. En general, las empresas que reparten los dividendos más elevados suelen pertenecer a sectores tradicionales como la energía, la banca o la alimentación. Por otro lado, las empresas tecnológicas de alto crecimiento, que tienen el mayor potencial de revalorización, suelen reinvertir los beneficios en lugar de repartirlos. Por lo tanto, los expertos recomiendan construir carteras diversificadas, combinando diferentes sectores y zonas geográficas, o recurrir a fondos especializados que seleccionen empresas con capacidad para mantener y aumentar sus dividendos a largo plazo. El objetivo no debe ser buscar las rentabilidades más altas, sino encontrar empresas con modelos de negocio sólidos y una generación de efectivo suficiente para respaldar esos pagos a lo largo del tiempo, así como para obtener una revalorización de las acciones en el mercado. «Nuestro enfoque en el Fidelity Global Dividend Fund busca equilibrar los ingresos y el crecimiento. Evitamos invertir únicamente en empresas con una mayor rentabilidad por dividendo, ya que esto suele reflejar una falta de confianza del mercado en la sostenibilidad futura de dicho dividendo. Invertimos en empresas de alta calidad y con capacidad de generación de efectivo, que distribuyen parte de ese efectivo en forma de dividendos hoy y reinvierten otra parte en el negocio para crecer. Este enfoque ha dado lugar a una rentabilidad por dividendo de alrededor del 3 % y ha obtenido una rentabilidad total anualizada del 10, 3 % desde su lanzamiento en enero de 2012», detalla Tristan Purcell, de Fidelity. También hay que tener en cuenta la fiscalidad. Los dividendos recibidos se gravan al 19 % hasta 6 000 euros, al 21 % entre 6 000 y 50 000 euros, al 23 % entre 50 000 y 200 000 euros, del 27 % entre 200 000 y 300 000 euros, y del 30 % para los pagos de dividendos que superen los 300 000 euros. Una de las desventajas de los dividendos en efectivo es que, al aplicar esta retención, el capital invertido es menor y el potencial de revalorización resulta más limitado que en las estrategias que buscan el crecimiento del valor en bolsa. En cualquier caso, más allá de los cálculos teóricos, el éxito de las estrategias depende de la calidad de las empresas seleccionadas, de la diversificación de la cartera y del horizonte temporal del inversor. Los dividendos pueden convertirse en una fuente de ingresos adicionales a lo largo de los años, pero no existe una fórmula mágica para vivir de los ingresos.
