A raíz de acontecimientos como la pandemia, que paralizó las economías y convirtió el teletrabajo en algo imprescindible; los ciberataques, que pusieron de manifiesto las debilidades de empresas e instituciones; o el apagón en España, las empresas se han visto obligadas a replantearse sus necesidades tecnológicas. El enfoque ha pasado de centrarse en la velocidad de una red a hacerlo en su fiabilidad, especialmente durante los periodos de inactividad, y en el tiempo que tarda una organización en recuperarse. Uno de los puntos clave de Jesús Suso, director de Vodafone Enterprises, se puso de manifiesto durante su intervención en el Foro CREO, organizado por Cincodia y Prisa Media. Sigue leyendo para saber más.
Según el directivo, las empresas están dando más importancia a la resiliencia y a la capacidad de recuperarse de las crisis que a la velocidad de sus redes.
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Acontecimientos como la pandemia, que paralizó las economías y convirtió el teletrabajo en una herramienta esencial; los ciberataques, que han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las empresas e instituciones; o el apagón que sacudió España, han obligado a las empresas a replantearse sus prioridades tecnológicas. La preocupación ya no es cuánta velocidad ofrece una red, sino qué ocurre cuando deja de funcionar y cuánto tiempo tardará una organización en recuperar la normalidad. Este ha sido uno de los principales mensajes de Jesús Suso, responsable de Vodafone Enterprises, durante su participación en el Foro CREO, organizado por Cincodia y Prisa Media.
«Las redes son el corazón de la economía digital», afirmó. En un momento en el que la digitalización se extiende a casi todos los ámbitos de la actividad económica, desde la industria hasta los servicios públicos, el directivo ha argumentado que la infraestructura de telecomunicaciones ha dejado de ser un mero soporte tecnológico para convertirse en un activo crítico para el funcionamiento de las empresas y las administraciones.
«La empresa ya no se limita a un edificio», explicó. El perímetro tradicional de las organizaciones se ha difuminado, ya que los empleados, las aplicaciones, los servicios en la nube, los dispositivos conectados y los sensores industriales operan de forma distribuida. En este nuevo escenario, una caída de la conectividad puede tener consecuencias mucho más graves que quedarse sin acceso a Internet: puede paralizar una línea de producción, afectar al funcionamiento de un hospital o interrumpir la actividad de una cadena logística.
La creciente dependencia de las redes también ha suscitado preocupaciones en materia de ciberseguridad. Una de las noticias más destacadas de los últimos días ha sido el ataque sufrido por una cadena de supermercados en Francia, que provocó importantes problemas operativos y pérdidas de productos. Sin embargo, más que el ataque en sí, lo que llamó la atención de Suso fue el tiempo que tardó la empresa en detectar que estaba siendo víctima de una intrusión.
En su opinión, este episodio ilustra uno de los principales retos a los que se enfrentan actualmente las empresas. En un contexto en el que cada vez es más difícil evitar por completo los ciberataques, el objetivo ya no puede ser solo blindar la infraestructura, sino mejorar la capacidad de respuesta y recuperación. «Nos van a atacar», afirmó. El responsable de Vodafone ha recordado que el auge de la inteligencia artificial ha reducido significativamente las barreras de entrada para los delincuentes y ha disminuido los costes asociados al lanzamiento de campañas maliciosas cada vez más sofisticadas.
Ante esta realidad, la diferencia no solo radica en la prevención, sino en la rapidez con la que una organización detecta la amenaza, activa sus protocolos y recupera la actividad. Para Suso, la resiliencia se ha convertido en algo tan importante como la propia seguridad.
Por ello, Vodafone sostiene que la protección de las redes no puede limitarse a las medidas defensivas tradicionales. Las empresas deben ir un paso más allá y diseñar planes específicos de continuidad del negocio, protocolos de actuación y mecanismos que les permitan mantener operativas sus actividades críticas incluso en situaciones de emergencia. «Lo importante es recuperarse», insistió el directivo. Suso ha hecho hincapié en la necesidad de tener un control exhaustivo de la infraestructura tecnológica y de saber dónde se encuentran los datos, los sistemas y los puntos críticos del negocio.
El ejecutivo también ha vinculado este debate a la creciente preocupación por la soberanía digital europea. Suso ha recordado que, a pesar del carácter estratégico de las telecomunicaciones, una parte significativa de la infraestructura digital que utilizan los ciudadanos y las empresas depende de proveedores globales fuera de Europa. En este contexto, ha defendido que el refuerzo de la autonomía tecnológica pasa por impulsar a las empresas de mayor envergadura, fomentar la inversión en centros de datos y reforzar las capacidades tecnológicas propias. La seguridad, ha señalado, no puede entenderse únicamente como una cuestión técnica, sino como un elemento central de la estrategia empresarial.
El cambio de prioridades también está alterando el papel de las empresas de telecomunicaciones. Si bien la competencia se ha centrado durante años en la velocidad y el volumen de datos, las empresas buscan ahora garantías de continuidad. La diferencia en una economía cada vez más digital ya no radica únicamente en la cobertura, sino en la capacidad de resistir, responder y recuperarse de una crisis. Suso señaló que esa resiliencia se ha convertido en el verdadero valor que demandan las empresas.
