Los tres rejoneadores que participaron en el paseo del lunes en Pamplona se repartieron un total de cinco orejas, en la ya tradicional exhibición de arte ecuestre que prologa el resto de las celebraciones a pie de los Sanfermines y durante la cual, a pesar de las salidas a hombros de Roberto Armendáriz y Guillermo Hermoso de Mendoza, solo se vio buen toreo a caballo.
La mayoría de los cinco trofeos no tuvieron mayor justificación que la generosidad de un público ya en modo festivo.
Los tres rejoneadores que participaron en el paseo del lunes en Pamplona se repartieron un total de cinco orejas, en la ya tradicional exhibición de arte ecuestre que prologa el resto de las celebraciones a pie de los Sanfermines y durante la cual, a pesar de las salidas a hombros de Roberto Armendáriz y Guillermo Hermoso de Mendoza, solo se vio buen toreo a caballo. Tanto es así que la mayoría de esos cinco trofeos no tuvieron una mayor justificación que la de la generosidad de un público ya metido en fiestas, que aplaudió todo lo que, bueno o malo, hicieron los jinetes ante una corrida ‘murubeña’ de los dos hierros del diestro retirado Niño de la Capea que esta vez, por extraño acaso, apenas dio juego.Las dos primeras orejas de esta benevolente tarde las paseó Guillermo Hermoso de Mendoza del tercero, en la que fue la labor más estimable del festejo. Le costó romper al único cinqueño del sexteto, pero con Berlín, que sigue siendo uno de los mejores caballos del panorama actual, el joven de Estella logró encelarlo a la grupa, con valor y temple, en una primera parte del trasteo realmente meritoria.Los galopes de costado y las ‘hermosinas’, que patentara su padre, fueron la cima de la labor del navarro, aunque luego vio como el toro y la faena iban a menos hasta llegar a un final deslucido que, aun así, no fue óbice para que se pidiera ese segundo trofeo que él amarró con un rejonazo barrenando.Ya con el flacón sexto, como si quisiera marcar diferencias con sus compañeros, el vástago de Pablo Hermoso se mostró visiblemente nervioso y precipitado, hasta el punto de que en banderillas, tanto en las batidas como a la hora de intentar clavar banderillas a dos manos, se sucedieron las pasadas en falso ante un astado manejable y algo parado al que además mató mal, sin llegar así a romper el «empate».El también navarro Roberto Armendáriz no encontró nunca el acople con un segundo de la tarde de feas hechuras y que no descolgó sus cortas arrancadas, pero se encontró con un quinto que, además de ser el Murube de más cuajo y volumen de la corrida fue el de más viveza y duración, aunque no incluyera la clase en su firma de embestir.Y fue con este con el que Armendáriz logró sus mejores pasajes, en varios encuentros con Rubí y Farruco, atacando más frontal y con mayor ajuste, pero sobre todo a la hora de clavar con ligazón, ahora con el ‘apaloosa’ Lunares, tres banderillas cortas y un rejonazo contrario pero de efectos fulminantes que fue suficiente para que sus paisanos le pidieran esa segundo oreja a todas luces excesiva.Aun en una tarde tan dadivosa, el único de los jinetes que no se fue a hombros por la Puerta del Encierro fue el alicantino Andy Cartagena, que, a pesar de llevar 29 años en activo, hoy debutaba en el coso pamplonés. La suya fue una actuación más para la galería que de auténtico mérito, pues abundó en los efectismos y en los adornos de doma fuera de la cara del toro en un conjunto de m
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