La inteligencia artificial lleva meses siendo el centro del debate tecnológico y empresarial. Mientras se multiplican las inversiones en esta tecnología y las grandes empresas compiten por liderar su desarrollo, gran parte del debate público sigue girando en torno a la misma pregunta: qué impacto tendrá en el empleo. Ante las previsiones más alarmistas, que anticipan una sustitución masiva de trabajadores, algunas empresas defienden una interpretación diferente. La IA, afirman, no será tanto una herramienta para prescindir de las personas como para ampliar sus capacidades y aumentar la productividad.
El director sostiene que el obstáculo para las empresas españolas es transformar las inversiones en un aumento de la productividad y en cambios reales dentro de la organización.
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La inteligencia artificial lleva meses siendo el centro del debate tecnológico y empresarial. Mientras se multiplican las inversiones en esta tecnología y las grandes empresas compiten por liderar su desarrollo, gran parte del debate público sigue girando en torno a la misma pregunta: qué impacto tendrá en el empleo. Ante las previsiones más alarmistas, que anticipan una sustitución masiva de trabajadores, algunas empresas defienden una interpretación diferente. La IA, afirman, no será tanto una herramienta para prescindir de las personas como para ampliar sus capacidades y aumentar la productividad.
Esta fue una de las ideas defendidas por Víctor Ópez-Barrantes, director general de NTT DATA para Iberia y Organizaciones Internacionales, durante su participación en el Foro CREO, organizado por Cincodia y Prisa Media. El directivo rechazó las previsiones de una destrucción generalizada de puestos de trabajo y atribuyó parte de ese discurso a una visión excesivamente alarmista del progreso tecnológico. En su opinión, los profesionales no perderían su empleo directamente a causa de la inteligencia artificial. En otras palabras, el principal riesgo no es la tecnología en sí misma, sino la falta de formación para adaptarse a ella.
Esta falta de formación es, en opinión del ejecutivo, uno de los principales retos que plantea la adopción de la IA. En un contexto en el que esta tecnología comienza a integrarse en los procesos cotidianos y en las operaciones empresariales, Ópez-Barrantes sostiene que el riesgo no es quedarse sin empleo, sino quedarse sin talento. En su opinión, existía un déficit en la educación formal en materia de IA, e instó a que se utilizara en las universidades y en los programas de formación como acelerador del aprendizaje. Las organizaciones que logren formar a profesionales con conocimientos tecnológicos y una sólida comprensión del negocio serán, en su opinión, las que cuenten con una mayor ventaja competitiva en los próximos años.
El directivo considera que es tan erróneo presentar la inteligencia artificial como una amenaza para el empleo como reducirla a una simple herramienta de recorte de costes. En su opinión, parte del discurso empresarial se ha visto atrapado en la lógica de la eficiencia, centrándose en cuánto trabajo se puede automatizar o cuántos recursos se pueden ahorrar. Sin embargo, sostiene que el verdadero potencial de esta tecnología es mucho más ambicioso: ampliar las capacidades de las organizaciones y de sus empleados para generar más valor.
Sostiene que la inteligencia artificial no solo debe entenderse como una palanca para hacer lo mismo con menos recursos, sino como una oportunidad para hacer «mucho más con»: agilizar procesos, mejorar la toma de decisiones, reducir las tareas de bajo valor añadido y liberar tiempo para actividades más estratégicas.
Este enfoque conecta con uno de los principales retos de la economía española, marcada históricamente por una brecha de productividad respecto a otras economías avanzadas. Para el directivo de NTT DATA, la cuestión no radica tanto en incorporar más herramientas tecnológicas como en garantizar que estas transformen de manera efectiva la forma de trabajar de las empresas. Sin embargo, Ópez-Barrantes advirtió contra la tentación de abordar la inteligencia artificial únicamente por miedo a quedarse atrás. En su opinión, muchas empresas están acelerando sus inversiones porque creen que deben subirse al tren de la IA lo antes posible para evitar perder su competitividad. No obstante, dejó claro que aprovechar las ventajas de esta tecnología exige inversiones considerables y, lo que es más importante, un cambio fundamental en su funcionamiento.
Desde esta perspectiva, la adopción de la inteligencia artificial ha evolucionado desde un desarrollo tecnológico hasta convertirse en un proceso de transformación empresarial. La capacidad de incorporar los modelos más avanzados al trabajo diario, adaptarlos a las necesidades de cada organización y convertirlos en mejoras tangibles en materia de productividad y crecimiento será la clave para la ventaja competitiva.
