La nueva etapa ha comenzado con un golpe inesperado al orgullo del país: el colapso de la educación, tal y como revela el informe PISA, un estudio que se ha acogido con el mismo orgullo que el Mundial de Fútbol. El problema es que no se trata de un hecho aislado; incluso en una cuestión clave, lo dramático es que a este revés se suman otras recientes decepciones en ámbitos muy básicos, como la sanidad, la vivienda o la defensa. Seguir leyendo
El Gobierno de Pedro Sánchez, que se basa en el progreso de la economía, se enfrenta a un final de ciclo marcado por el fracaso en lo esencial
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El nuevo curso ha comenzado con un golpe inesperado al orgullo del país: el colapso de la educación, tal y como revela el informe PISA, un estudio que se ha recibido con el mismo orgullo que el Mundial de fútbol. El problema es que no se trata de un hecho aislado; incluso en un asunto clave, el drama radica en que este revés se suma a otras recientes decepciones en cuestiones muy básicas, como la sanidad, la vivienda o la defensa. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, alegará que se trata de competencias transferidas. Pero al ciudadano no le importa. El Gobierno central es quien le descuenta de su nómina para pagar estos servicios. Además, si no dependen de él, ¿para qué sirven los ministerios de Sanidad, Educación y Vivienda? El Ejecutivo de Pedro Sánchez dispone de muchas formas de hacer que las cosas cambien y no se deterioren, por lo que esconderse tras la división competencial no es un argumento válido. En resumen, el estallido de la crisis de Ceuta ha puesto de manifiesto la debilidad de España en materia de seguridad y defensa, ámbitos en los que el Estado tiene el monopolio. Ahí no puede alegar nada: el Gobierno central, y solo él, es responsable de la seguridad de las fronteras y, sin embargo, el ciudadano se queda perplejo ante la disputa entre los responsables de los Ministerios de Defensa e Interior sobre qué sabían y hasta qué punto. Los españoles pueden soportar que Marruecos gane un partido de fútbol en España, pero lo que no entenderán es que un país en vías de desarrollo, capaz de arrojar a sus ciudadanos al mar para presionar al vecino y ni siquiera reclamar los cadáveres, sea capaz de poner en jaque a todo un país de la Unión Europea, una democracia avanzada. La invasión de Ceuta ha dejado muy clara una lección: Marruecos puede tomar las plazas españolas del norte de África sin disparar un solo tiro, solo lanzando a la gente. Y a este lado del Estrecho de Gibraltar seguimos discutiendo cómo y quién diseñó la operación del 30 de julio. Marruecos tiene a Estados Unidos e Israel de su lado. ¿Quién apoya a España? La educación. La conclusión del último informe PISA, elaborado por la OCDE, es que la educación española ha tocado fondo. Una afirmación que merece la pena destacar tanto en El País como en ABC. Este consenso se debe a que el estudio refleja algo que ya se percibía. Luego vienen los argumentos, los «porqués», que son muy útiles para buscar soluciones, ya que habrá que hacer algo. . La verdad es que debe de ser muy difícil para los responsables de la educación decirte que el nivel educativo de los jóvenes no ha mejorado en 20 años. El retrato final lo trazó la profesora del CEU María Solano en The Conversation: «Los datos indican que un alumno de 15 años en 2025 lee como uno de 13 en 2022. Los alumnos españoles están a un curso y medio de los ingleses. Además, la distancia entre países vecinos no deja de aumentar. En España tenemos muchos menos alumnos excelentes que en los sistemas más competitivos (solo el 4 %), mientras que arrastramos a muchos más alumnos mediocres de bajo rendimiento (24 %)». El problema no es la IA, es la inteligencia humana. ¿Quién innovará en un país donde los jóvenes no entienden lo que leen? Sanidad. Existen diferentes formas de medir la calidad del Sistema Nacional de Salud (SNS), pero una de las más objetivas y que más contribuye a la percepción de los ciudadanos son los tiempos de espera. El último Informe Anual del NHS, publicado el año pasado y que recoge datos de 2024, señala que todos los indicadores son peores que antes de la pandemia. En atención primaria, en 2019, la mitad de los pacientes (50, 6 %) esperó más de un día para ser atendido; en 2024, la cifra ya ascendía al 70 %, y todo apunta a que la situación empeorará. En los hospitales, el tiempo de espera para ser atendido por un especialista ha aumentado de 88 días en 2019 a 105 días en 2024, lo que supone casi el doble que en 2015 (58 días). Si nos fijamos en la espera para una operación no urgente, el tiempo ha pasado de 121 días a 126 en esos cinco años de referencia. . Vivienda. El problema de la sanidad lo sufren las personas mayores; el de la educación, los más jóvenes y sus padres; y el de la vivienda, quienes se encuentran en un término medio: aquellos que ya se han incorporado al mercado laboral y quieren independizarse, pero no encuentran la forma de pagar los alquileres que se les piden y, menos aún, de comprar una vivienda. La evolución de los salarios no está en consonancia con el coste de la vivienda, hasta el punto de que esta resulta inaccesible para un porcentaje insostenible de jóvenes. El salario medio ha aumentado un 32, 6 % en los últimos diez años, pasando de 26 449 euros en 2016 a 35 076 euros el año pasado. En ese periodo, el precio del metro cuadrado de la vivienda en el conjunto de España ha aumentado un 47, 5 %, según las estadísticas del Ministerio de Vivienda, que ocultan realidades muy diferentes en todo el país. El precio se ha más que duplicado en las grandes ciudades. El índice de precios de la vivienda, elaborado por el INE, lleva a la conclusión de que el coste de una vivienda se ha duplicado en los últimos 12 años, lo que resulta especialmente evidente en Madrid, las Islas Baleares, Cataluña y Andalucía, comunidades que concentran más de la mitad de la población española y de las oportunidades de empleo. ¿Cómo va a aumentar la natalidad si las parejas no encuentran un hogar? Es fácil suponer que este deterioro de los servicios públicos básicos está en el centro del giro político de la ciudadanía. Los partidos de derecha ya se han afianzado con un porcentaje de votos superior al 50 %, superando al bloque de izquierda en unos diez puntos, y con un auge sin precedentes de la extrema derecha (Vox), que se acerca al 20 % de los votos. Es un panorama de consenso en las encuestas que marca el final de un ciclo. A Mariano Rajoy se le pintó como el gran impulsor de la independencia catalana y Pedro Sánchez pasará a la historia como el impulsor de la extrema derecha. Él, que suele presumir de los datos económicos, se excusará diciendo que se trata de una corriente global. ¿Te imaginas cómo sería el debate público actual si Pedro Sánchez hubiera pasado el mes de agosto en Ceuta en lugar de en Lanzarote? Tu derecho a salir del país no debería estar por encima de garantizar un techo, la sanidad y una educación de calidad. Aurelio Medel es periodista. Doctor en Ciencias de la Información.
