La normativa del Gobierno sobre la instalación de centros de datos ha reabierto el debate sobre los beneficios y los costes de estas infraestructuras. La experiencia de otros países, como Estados Unidos, aconseja cautela: el aumento del precio de la luz, que acaba repercutiendo en todos los consumidores, ha generado un enorme rechazo entre la ciudadanía estadounidense. Además, la red eléctrica española ya está muy saturada y tiene poco margen para nuevas conexiones. Y la creación de empleo que generan estos centros es relativamente efímera: se limita a un par de años dedicados a su construcción; después, su gestión requiere poca mano de obra. Seguir leyendo
No se deben cerrar las puertas a la inversión, pero tampoco se deben ignorar sus contrapartidas.
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La normativa del Gobierno sobre la instalación de centros de datos ha reabierto el debate sobre los beneficios y los costes de estas infraestructuras. La percepción de cautela en otros países, como Estados Unidos, es que el aumento del coste de la luz, que en última instancia afecta a todos los consumidores, ha provocado un rechazo feroz entre los ciudadanos estadounidenses. Además, la red eléctrica española ya está muy saturada y tiene poco margen para nuevas conexiones. Y la creación de empleo que generan estos centros es relativamente efímera: se limita a un par de años dedicados a su construcción; después, su gestión requiere poca mano de obra. Las zonas rurales irlandesas han comprobado que este negocio no es la panacea, y la normativa del país obliga ahora a las grandes empresas tecnológicas, en la práctica, a generar su propia energía. Es el modelo que el Gobierno español ha imitado en su proyecto de ley, el cual, con los ajustes oportunos, no debe cerrar las puertas a la inversión, pero tampoco ignorar que tiene sus contrapartidas. Óscar Puente se muestra cómodo defendiendo la actuación de Renfe. Óscar Puente no se muerde la lengua a la hora de defender a Renfe, la empresa dependiente de su ministerio, frente a gran parte de los incidentes ferroviarios de los últimos días. El ministro pone ejemplos, como una avería temporal o un incendio, que, de hecho, escapan al control de la empresa. En cierto sentido, tiene razón. No parece razonable responsabilizar a un gobierno de cualquier contratiempo imprevisible. Sin embargo, quizá se esté pasando al imaginar que cada tren retenido acaba convirtiéndose en una acusación personal contra él a los ojos del pasajero. La gente no tiene tiempo para estar pensando todo el día en Óscar Puente. Elon Musk pone a los inversores a trabajar. The Boring Company, la empresa de túneles que Elon Musk concibió tras sentirse desesperado en un atasco, acaba de recaudar 3. 000 millones de dólares en una ronda de financiación que la valora en 23. 000 millones. La empresa, cuyo objetivo es aliviar la congestión desviando parte del tráfico hacia el subsuelo, ya opera en Las Vegas y prepara nuevos proyectos en Nashville y Dubái. Lo más llamativo es cómo ha conseguido el dinero. Tal y como reveló The Wall Street Journal, algunos inversores tendrán que ayudar a contratar empleados o aportar contactos para futuros proyectos; incluso podrían perder parte de su participación si no cumplen con estos requisitos. Musk ha alcanzado tal poder de atracción que parece haber invertido la lógica habitual: ya no basta con aportar el dinero, hay que ponerse manos a la obra. La captura del día. Josef Aschbacher es director general de la Agencia Espacial Europea (ESA). El suicidio puede abordarse con sensibilidad, pero también con información. Se están poniendo en marcha casi simultáneamente dos iniciativas para detener el suicidio y mitigar sus efectos. Una es la imagen final de una campaña para romper el silencio sobre el suicidio que recopila imágenes de personas tomadas poco antes de fallecer. La otra es el nuevo sistema de vigilancia que está preparando el Ministerio de Sanidad, con un registro estatal que integrará información sanitaria, estadística y forense. Habrá que ver cómo se concreta. Prevenir el suicidio es extremadamente difícil, pero un sistema capaz de compartir y analizar bien los datos podría revelar patrones de riesgo, concentraciones de casos o cambios de tendencia. La tecnología no nos permitiría adivinar exactamente quién va a suicidarse, pero proporcionaría mejores indicios para intervenir antes.
