Algunas de las piezas en movimiento están hechas de oro macizo, mientras el orden mundial recupera su nuevo equilibrio. Los principales bancos centrales europeos han iniciado la repatriación de sus reservas de oro depositadas en la Reserva Federal de Nueva York. La semana pasada, los Países Bajos lo hicieron público, pero Francia y Alemania ya habían realizado movimientos recientemente, mientras que Italia se resiste a la creciente presión de la opinión pública para recuperar las reservas. El Banco de España reconoce tener una parte de las reservas de oro en Estados Unidos, pero, por motivos de confidencialidad, no revela cuál es su proporción respecto al total, ni si les dará un nuevo destino. Seguir leyendo
Varios bancos de la zona del euro han repatriado o trasladado sus reservas para reforzar su autonomía estratégica en un contexto volátil
Feed de noticias MRSS-S
Mientras el orden mundial busca un nuevo equilibrio, algunas de las piezas en movimiento están hechas de oro macizo. Los principales bancos centrales europeos han iniciado una repatriación de sus reservas de oro depositadas en la Reserva Federal de Nueva York. La semana pasada, los Países Bajos lo hicieron público, pero Francia y Alemania ya habían realizado movimientos recientes, mientras que Italia se resiste a la creciente presión de la opinión pública para que repatríe las reservas. El Banco de España reconoce tener una parte de las reservas de oro en Estados Unidos, pero, por motivos de confidencialidad, no revela cuál es su proporción respecto al total, ni si les dará un nuevo destino. La razón principal no es solo la desconfianza generada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. En 2022, la congelación de los activos rusos en el extranjero, como parte del programa de sanciones por la invasión de Ucrania, provocó la alarma entre los países no alineados. La India repatrió de forma masiva el oro que tenía depositado en el Banco Central de Inglaterra en 2024, una medida que más tarde se extendió a las reservas que tenía en Basilea. Venezuela ha intentado repatriar sus reservas de Londres para reconstruir el país tras el terremoto, pero Londres no se las ha confiado desde 2018 al no reconocer la autoridad monetaria de Caracas. Londres es uno de los mayores centros mundiales de comercio de oro, lo que aporta mucha liquidez a las reservas. Pero en tiempos de mayor autoritarismo, esa inmediatez ya no resulta tan atractiva. «Traer el oro a España no sería un gesto soberano, formaría parte del plan de autonomía estratégica de la Unión Europea», afirma Luis Garvía, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB). España es especialmente reservada en cuanto al oro que gestiona, del que solo facilita la cifra total: 9 millones de onzas troy (281 toneladas), que en 2025 ascendían a unos 33. 2 mil millones de euros. Se sabe que la gran mayoría se encuentra en la Cámara de Oro del Banco de España, pero una parte indeterminada está en el Banco de Pagos de Basilea, el Banco de Inglaterra y Nueva York. A pesar de ser la cuarta economía de la zona del euro, ocupa la sexta posición en cuanto a posesión de oro, empatada en cantidad con Austria, cuyo Banco Central divulga detalladamente la distribución de sus reservas: la mayor parte en Viena, mientras que el Reino Unido cuenta con 84 toneladas y Suiza, con 56. A diferencia de otras capitales europeas, el oro español es de adquisición reciente. Durante la Guerra Civil, el Banco de España envió el oro a Moscú y París para financiar la defensa republicana; cuando terminó el conflicto, las reservas se habían agotado. Unos años más tarde, el mundo se reunió en la Conferencia de Bretton Woods, donde se diseñó la nueva arquitectura financiera internacional basada en el patrón oro. España se incorporó al FMI en 1958 a pesar del aislamiento del régimen y, para entonces, ya disponía de reservas en oro que le permitirían integrarse en el sistema. Hasta 1972, una onza de oro equivalía a 35 dólares, y con ese tipo de cambio fijo los bancos centrales almacenaban el metal que se utilizaba como base para la emisión de moneda. «El oro no es un instrumento financiero cualquiera. Es la base de la política monetaria y de cómo gestionar la confianza», explica Garvía. Los bancos centrales del mundo siguen respaldando las divisas, junto con otros activos como las divisas extranjeras (especialmente dólares) y la deuda pública, a pesar de que el mundo haya abandonado el patrón oro. En 2007, unos meses antes de que empezaran a notarse los efectos de la Gran Recesión, Madrid ordenó deshacerse de casi un tercio del oro que consideraba «poco rentable», una de las razones por las que cuenta con muchas menos reservas que sus vecinos. Aunque el oro de cada capital del euro se gestiona de forma individual, y ante las preguntas de este periódico el Banco Central Europeo afirma que no ha emitido ninguna recomendación sobre su repatriación, las reservas nacionales cuentan como parte del colchón total del Eurosistema. El BCE también cuenta con su propio oro, pero depende del resto para respaldar la moneda común. Fráncfort tiene un nivel de intereses de la deuda pública más elevado que el de Fráncfort, algo que no todos los expertos son capaces de ver con ojos positivos. Santiago Carbó, profesor de la CUNEF, considera que lo adecuado sería una acción concertada del Eurosistema, y no abrir la puerta a «repatriaciones bruscas». Fuentes del mercado que piden permanecer en el anonimato señalan que la cantidad de oro español depositado en la Reserva Federal sería escasa, por lo que Miguel Ángel Rodríguez, analista de la plataforma Willybit, considera que sería mejor no tocarlo. «Veo un escenario muy remoto y muy improbable de embargo o incautación de estas reservas. El impacto es simbólico. . . y la situación ya va mal como para darles excusas inútiles», concluye. No es el caso de Alemania, el mayor poseedor de reservas de oro del mundo, que todavía tiene un tercio «durmiendo» en Manhattan. El Financial Times estima que, junto con Italia —donde la repatriación del oro se ha convertido en una cuestión de Estado—, cuentan con unos 22 000 millones de euros en Estados Unidos. La tendencia, además, apunta a que los bancos centrales seguirán comprando más oro como valor refugio, con un especial interés por parte de mercados emergentes como Brasil. La intención de Washington de que el dólar deje de ser una moneda de último recurso es también otra pieza que hace girar la onza de oro en el tablero mundial, lejos de los dominios de Trump.
