La cúpula de Tata está en llamas. Natarajan Chandrasekaran (India, 63 años), presidente de Tata Sons, la empresa matriz del mayor conglomerado empresarial de la India, anunció que abandonaba el cargo tras enfrentarse a Noel Tata, presidente de las fundaciones que lo controlan. Posteriormente, cambió de opinión y decidió quedarse para defender la salida a la Bolsa de Matrix. La disputa sigue abierta, pero si algo ha demostrado Chandra, como se le conoce, es que tiene mucho agarre. Seguir leyendo
El líder del mayor conglomerado empresarial indio se enfrenta al heredero de la familia fundadora por el futuro del grupo y su posible salida a bolsa
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La cúpula de Tata está en llamas. Natarajan Chandrasekaran (India, 63 años), presidente de Tata Sons, la matriz del mayor conglomerado empresarial de la India, anunció que abandonaba el cargo tras enfrentarse a Noel Tata, presidente de las fundaciones que lo controlan. Posteriormente, cambió de opinión y decidió quedarse para defender la salida a la Bolsa de Matrix. La disputa sigue abierta, pero si algo ha demostrado Chandra, como se le conoce, es que tiene mucha fuerza de voluntad. Quizá la prueba más clara de esa tenacidad sea cómo reaccionó cuando, a los 44 años, le diagnosticaron diabetes. Su médico le recomendó que hiciera ejercicio y, a la mañana siguiente, Chandra salió a correr. Se aplicó a ello con tal constancia que, meses más tarde, completó su primera maratón y, desde entonces, ha completado las seis grandes maratones del circuito World Marathon Majors, desde Boston hasta Tokio. Llevó este hábito a Tata Consultancy Services (TCS), la consultora tecnológica que dirigió como consejero delegado antes de presidir el grupo, donde animaba a sus directivos a acompañarle a correr a las cinco de la mañana. Tata Sons, cuya capitalización ronda los 215 000 millones de euros, es el holding desde el que se gestionan TCS, Tata Motors o Air India. Alrededor del 66 % de su capital pertenece a Tata Trusts, un conjunto de fundaciones que destinan los dividendos a fines filantrópicos. Noel rechaza la salida a bolsa porque, según afirma, diluiría ese control. Chandra la defiende, y la polémica le llevó a anunciar en agosto que dejaría el cargo al final de su mandato. Cinco semanas después aceptó la renovación que aprobó el consejo, con Noel como único voto en contra. Las fundaciones cuestionan la validez del acuerdo, y la reelección aún debe ser ratificada por la junta de accionistas. Chandra creció en Mohanur, una localidad del estado de Tamil Nadu. En enero de 2017, tres días después de que se anunciara su nombramiento, regresó allí en un Jaguar negro. Llevaba, según la crónica de The Week, pantalones azul marino y una camisa estampada. Lo primero que hizo al llegar fue aparcar el coche para ayudar a su padre. A continuación, recorrió a pie los ochocientos metros del barrio que le separaban de los templos, estrechando la mano a los vecinos. Chandra es una persona religiosa y ha realizado en varias ocasiones el Char Dham, la peregrinación hindú. . Fue el primer presidente de Tata que no pertenecía a la comunidad parsi, la minoría zoroástrica de origen persa de la que procedía la familia fundadora. Era el menor de seis hermanos en una familia brahmán de clase media. Su padre era abogado, aunque tras la muerte de su abuelo regresó al pueblo para ocuparse de los cultivos familiares de arroz, caña de azúcar y plátanos. Su madre era ama de casa. Los seis hermanos recibieron una educación estricta. Cuando estudiaban fuera, tenían que volver a casa todos los fines de semana. Los tres hijos acabaron ocupando puestos de alta dirección en diferentes empresas. . Un compañero de Chandra recordaba que, antes de recorrer los tres kilómetros que les separaban del colegio, ambos se bañaban por la mañana en el río. En la universidad, estudió Ciencias Aplicadas en el Instituto Tecnológico de Coimbatore y, al terminar, regresó al pueblo para trabajar en el campo. Estuvo a punto de quedarse allí, pero uno de sus profesores le aconsejó que cursara un máster en informática, una disciplina para la que parecía tener un talento especial. Consiguió convencer a su padre de que su futuro estaba más cerca de los ordenadores que de las plantaciones de plátanos. Se matriculó en la Escuela Regional de Ingeniería de Tiruchirappalli, hoy NIT Trichy, y terminó su máster en 1986. En una ocasión bromeó diciendo que nunca había tenido que hacer un currículum, porque nunca había necesitado dejar Tata. Entró en TCS como becario y fue ascendiendo, ganándose la confianza de algunos de sus principales responsables. Una de sus cualidades más reconocidas era el trato con los clientes, a quienes dedicaba mucho tiempo y visitaba con frecuencia. Pasó de programador a directivo y contribuyó a la expansión internacional de TCS, que acabaría dirigiendo en 2009. Su gran oportunidad llegó en 2016, cuando el consejo de Tata destituyó a su entonces presidente, Cyrus Misty, tras un enfrentamiento con Ratan Tata, miembro de la familia fundadora. El conflicto recuerda en cierto modo a la disputa que el propio Chandra mantiene ahora con Noel Tata. En aquel momento, el grupo buscaba a alguien de la casa, con una trayectoria contrastada y un perfil serio, capaz de aportar estabilidad. El elegido fue Chandrasekaran. . Una vez en la presidencia, impulsó su visión de «One Tata», con la que pretendía simplificar la compleja estructura del conglomerado, compuesto por cientos de empresas —algunas con actividades solapadas— y organizar sus negocios en grandes bloques. También recuperó Air India, nacionalizada hace décadas, e impulsó inversiones en semiconductores, baterías y comercio digital. Quienes han trabajado con él lo describen como una persona disciplinada, que sabe escuchar y tiene una memoria extraordinaria. Ha contado en entrevistas que pasaba más de 200 días al año viajando por diferentes continentes y que muchas noches dormía en aviones. Está casado con Lalitha, que trabaja en el banco de inversión, y tiene un hijo, Pranav. . La próxima batalla será la junta de accionistas, que está prevista para antes del 31 de diciembre. Chandra necesita renovar su cargo de consejera para seguir presidiendo Tata Sons. Pero Noel tampoco tiene garantizada la victoria. El 66 % se reparte entre siete fundaciones, cada una con sus propios órganos de decisión, y sus responsables no se ponen de acuerdo. Una de las organizaciones más grandes ha visto suspendidas sus reuniones por orden del organismo regulador de las organizaciones benéficas, lo que dificulta la consecución de una posición común. Si las fundaciones se oponen a la renovación, el conflicto también podría resolverse en los tribunales. Mientras tanto, el futuro de la bolsa sigue en el aire. Noel aboga por una reestructuración de la empresa para evitar verse obligada a cotizar, pero ese enfoque también divide a los empleados. Aunque resolver una cuestión no implica automáticamente que la otra se vea afectada, la continuidad de Chandrasekaran y la salida a Bolsa están relacionadas políticamente.
